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Episodio 13: ¿Se puede ser escéptico y espiritual a la vez?

Última actualización el 2020-10-21

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Espiritualidad y Ciencia
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Episodio 13: ¿Se puede ser escéptico y espiritual a la vez?
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Hace unos años charlaba con una prima que me ha acompañado en parte de mi viaje por el camino espiritual. En ese entonces yo estaba completamente sumergido en mis temas místicos y chamánicos y con frecuencia charlábamos sobre otras dimensiones, espíritus guía, manejo de la energía y sanación de cargas ancestrales entre otros temas. Mi prima me dijo aquella vez que no sabía qué pensar con relación a esos temas, que a veces creía totalmente en ellos pero otras veces pensaba que todo eso es pura imaginación que lo único que existe en realidad es materia y las leyes físicas que la gobiernan.

La verdad es que me sentí identificado con esa reflexión porque a pesar de que en ese momento yo ya era un aspirante a sabedor de la comunidad espiritual-ancestral Muisca y lideraba una pequeña comunidad llamada el Clan Solar, en el fondo tenía el mismo dilema. Llevaba ya algunos años aprendiendo y practicando con mucho interés temas metafísicos y espirituales. Mi experiencia personal con la ancestralidad y particularmente con el manejo de plantas sagradas era incuestionable y me había servido para cambiar mi vida radicalmente. En cierto modo, tenía que agradecer a mi camino espiritual casi todo lo positivo que tenía en mi vida, incluyendo a mi esposa, mi trabajo y una excelente relación con mi familia.

Sin embargo, Carl Sagan me había dejado sembrada la semilla del escepticismo con la espectacular serie Cosmos, que ya he mencionado varias veces en este canal y sobre todo con su excelente libro “El Mundo y Sus Demonios” que leí en mis años de Universitario. Mi experiencia con la espiritualidad había sido mucho más vívida que la de la mayoría de las personas que conozco: Yo nunca he tenido que creer a ciegas en algo para poder beneficiarme de sus frutos sino que por el contrario, todo mi camino espiritual había sido casi totalmente experimental y empírico. Por supuesto que muchas de las creencias que adopté en el proceso provenían de libros o de enseñanzas de maestros que no intenté o no logré comprobar por mi mismo, pero la gran mayoría de mis creencias provenían de fenómenos que experimenté en primera persona, revelaciones que recibí de forma consciente y los resultados positivos que obtuve con prácticas como ceremonias, rituales y círculos de palabra.

A pesar de lo anterior, ninguna de esas experiencias podría haber sido corroborada experimentalmente por un observador externo imparcial. Claro, muchas personas que practicaban las mismas creencias y costumbres con frecuencia validaban mis testimonios y teorías, pero lo hacían desde su experiencia personal, por lo que ellos habían vivido, lo que creían de antemano o lo que querían creer.

La mayoría de los fenómenos paranormales que experimenté durante esos años habían sucedido mientras me encontraba bajo la influencia de algún psicoactivo como la ayahuasca o el tabaco, mientras me encontraba meditando o como dicen “en duermevela” o sea, ese espacio de lapso en el que uno no está completamente dormido pero tampoco despierto del todo. Por lo tanto, siempre existía la posibilidad que esas experiencias pudieran explicarse exclusivamente por diferentes estados alterados de consciencia o de química cerebral. Hubo un caso excepcional que narraré en la historia de mi camino espiritual y es el de la terapia de regresión. Esta experiencia, que de hecho se repitió en dos ocasiones, superó en mi opinión personal del momento el terreno de lo “normal”, pero aún en ese caso, no se puede descartar el efecto de la sugestión.

Otros fenómenos que podrían considerarse espirituales pero no necesariamente sobrenaturales podían también ser explicados como el resultado de la disciplina o de una mayor inteligencia emocional o asertividad. En otras palabras, el trabajo interior que estaba haciendo me estaba llevando poco a poco a convertirme en una mejor persona, ser más responsable conmigo mismo y con los demás y a proyectarme con más seguridad y todas esas cosas por supuesto aumentan las probabilidades de éxito en muchas de las cosas que una persona emprende en la vida.

Finalmente, están los fenómenos que se pueden explicar por medio de los hábitos y los sesgos de la mente humana, como por ejemplo el de la tendencia a encontrar patrones donde no los hay, la percepción errónea del riesgo y el efecto placebo. De estos temas ya tengo planeado hablar en un futuro episodio así que no se lo vayan a perder.

Bueno, volviendo a la conversación con mi prima, llegaron a mi mente todos los fenómenos sobrenaturales que había vivido hasta el momento, las experiencias que para mí se sintieron más reales que el mundo físico y todas estas explicaciones “lógicas” o escépticas que mencioné.

Sin lograr aún conciliar estas dos visiones de la realidad, lo único que atiné a responderle fue “A lo mejor en ambos casos tienes la razón. Tal vez si decides que el mundo es solamente energía en forma de materia reaccionando a las leyes físicas que la gobiernan, pues toda tu experiencia va a coincidir con esa realidad. Del mismo modo, si decides que lo que vemos solamente es una fachada de un Universo mucho más misterioso y mágico, entonces así es tu realidad”.

La respuesta que podría considerarse “tibia” en términos políticos colombianos me pareció apropiada en el momento pero la verdad es que no me satisfizo y la verdad creo que tampoco convenció mucho a mi prima. No conversamos más sobre el asunto aquel día, pero la inquietud siguió conmigo todo el tiempo. Técnicamente es cierto que la realidad personal, esa que percibimos y experimentamos no es otra cosa que la construcción mental que nuestro cerebro forma con base en lo que recibimos a través de los sentidos, la estructura de nuestra mente y los resultados de sus procesos internos. En otras palabras, lo que para cada uno de nosotros es la realidad es algo que solamente cada uno puede definir: una tarde lluviosa es un regalo del cielo para algunas personas pero para otras es un motivo de tristeza y hasta depresión. Para algunas personas la vida está predestinada y nada de lo que hagan podrá cambiar lo que está dispuesto para su futuro mientras que para otros el destino no está escrito y tenemos el poder de construir cualquier cosa que queramos. Es claro que desde este punto de vista, mi argumento tiene sentido: Una persona que crea en la magia y su poder interno para transformar todo a su alrededor con seguridad tiene más probabilidad de lograr lo que se proponga en la vida que alguien que cree con fervor que solamente un Dios externo puede lograr cambiar las circunstancias en su entorno.

Sin embargo, esto no cambia el hecho de que más allá de la experiencia humana hay una realidad que no depende de nuestras creencias. Sabemos que como especie, el Homo Sapiens apareció hace apenas unos 320,000 años y en cambio la Tierra tiene ya casi 4500 millones de años y el Universo según la ciencia casi 13,800 millones de años. Esto quiere decir, a no ser que Bertrand Russell haya tenido razón y el mundo haya aparecido de la nada así como está, hace 5 minutos, que la realidad ya existía mucho antes de que existiéramos seres humanos capaces de ver esta realidad como una cosa o como otra.

Para las comunidades indígenas con las que he caminado, las religiones que he conocido y los sistemas espirituales que he estudiado, el mundo físico es solamente una parte de la realidad, los seres humanos no existimos solamente en la forma física que habitamos y el Universo está poblado por toda clase de seres de consciencia superior e inferior que no viven en forma humana. Los detalles sí varían de un credo al otro pero la constante en el ámbito espiritual es que somos parte de algo mucho más grande y eterno, bien sea que se le llame Dios, Conciencia Cósmica, Padre Madre o la Totalidad.

Pero por el otro lado, la ciencia que tanto admiro pareciera cerrar la puerta a esta posibilidad y si bien pocos científicos se aventuran a descartar de tajo la existencia de un Dios o la vida después de la muerte, lo cierto es que la mayoría de científicos considera que estas posibilidades son como mínimo remotas y con frecuencia altamente improbables desde el punto de vista de los descubrimientos ya comprobados sobre la naturaleza de la realidad como la física cuántica, la selección natural, la genética, la bioquímica, etc.

Poco a poco me fui dando cuenta que este conflicto en mis creencias estaba causando una especie de “falla en el sistema” en mi cabeza. Cada vez que hablaba en un círculo de saberes sobre el hecho de que somos seres espirituales viviendo una experiencia humana, que venimos de las estrellas, que estamos recordando nuestra esencia cósmica para seguir nuestro viaje después de la muerte y llegar algún día a unirnos con el Creador; me sentía algo incómodo. ¿De verdad creía en todo eso o más bien quería creer en ello? Muchas de estas creencias no fueron aprendidas en ninguna parte sino recibidas como revelación en rituales de yagé en los que seres de otras dimensiones me mostraron todas estas cosas en templos astrales. ¿Así que cómo podía dudar?

El límite de esta falla en mi sistema de creencias llegó hace unos tres años cuando me preparaba para iniciar una nueva vida en Canadá y viví una de las experiencias más difíciles que he experimentado que fue una crisis de ansiedad. Por supuesto los detalles de esta experiencia los voy a narrar en un relato de mi camino espiritual más adelante, pero de momento baste decir que en ese momento, la perspectiva de ser solamente seres mortales, sujetos a la frialdad del azar y destinados al sufrimiento y el olvido me aterrorizó. Textualmente tenía ataques de pánico de solo pensar que algún día no estaré vivo, que también las personas que amo van a desaparecer algún día y nunca más van a volver a sonreír, sentir, amar. Veía a mi hija menor que tenía apenas un par de añitos, a mi hija Anita y a mi esposa Paula y no podía concebir que algún día no estaremos juntos más y a partir de ahí nunca más lo vamos a estar y me volvía loco.

Hago un paréntesis para ofrecerte disculpas si lo que acabo de decir te ha producido algo de ansiedad, pero la buena noticia es que el desenlace fue muy positivo. Eventualmente logré reconciliar esas dos posiciones y encontrar un camino en el medio para superar esa ansiedad sin tener que apagar el escepticismo y negar la ciencia. Pero me estoy adelantando un poco.

En ese momento, mientras atravesaba mi crisis de ansiedad ya estaba considerando seriamente internarme en una clínica psiquiátrica porque no me sentía capaz de seguir adelante con ese pánico constante y una visión tan oscura de la vida. Pero en cierto modo veía esto de resolver mi crisis existencial con medicamentos, como una derrota a mi sistema de creencias espirituales, así que decidí darle una oportunidad más a la espiritualidad y acudir a una terapia de liberación con una terapeuta que utiliza la metodología de “Un Curso de Milagros”.

Durante la terapia, María Eugenia que así se llamaba la terapeuta, me escuchó con atención hablar de mis conflictos internos y el miedo inexplicable que sentía. Mientras hablaba comencé a sentir el vacío en el pecho que anticipaba mis crisis más fuertes y entonces María Eugenia me preguntó “¿Por qué sigues cargando ese peso? No tienes que seguir llevándolo sobre tus hombros. Aquí está Jesucristo a tu lado esperando que le entregues esa carga. ¿Quieres hacerlo?”

Cuando me preguntó eso, sentí que había dado en el blanco de mi angustia porque la verdad quería creer en que ahí estaba Jesús listo para ayudarme pero por otra parte sabía que también era muy probable que ese Ser no existiera y fuera simplemente una estrategia de la mente para soltar esas preocupaciones. Pero tampoco quería terminar internado en una clínica psiquiátrica así que decidí dar el salto de fe y me visualicé entregándole mis preocupaciones a ese amigo incondicional al que tantas veces había acudido antes. Me imaginé que me tomaba de la mano y me decía “Tranquilo, estoy contigo, todo está bien” y en ese momento no pude contener las lágrimas y lloré como un niño chiquito por un buen rato hasta que sentí que ese vacío en el pecho ya no estaba y sentí mucha paz.

Luego narraré todo ese episodio con más detalles pero venía al caso contar esta partecita en este momento porque ahí, en esa camilla fue que sentí una revelación: Fui capaz de reconocer que Jesús de Nazareth muy posiblemente no existe pero aún así sentirlo con mucha fuerza y recibir su sanación.

De pronto entendí que no tenía ninguna obligación de escoger entre creer en lo espiritual y aceptar la descripción de la realidad de la ciencia. Puede que los conceptos sean contradictorios pero así somos los seres humanos: contradictorios y complejos, escépticos y crédulos. Muchos científicos critican a las religiones por sus creencias sin evidencia pero aún así aceptan la existencia de los derechos humanos y las constituciones democráticas, como si esos no fueran también inventos humanos. El dinero es otra cosa que solamente existe porque nosotros decimos que existe y uno no escucha a nadie dudar de su existencia.

Al poco tiempo de pasar esa crisis volví a ver la Serie Cosmos de Carl Sagan y me sorprendí de ver que más allá de una serie de conocimientos científicos, lo que Carl realmente me transmitía era su amor por la naturaleza, su admiración por las leyes naturales y un sentido muy sublime de conexión con el Cosmos. Algunas de las frases más bonitas que recuerdo de esa serie documental son:

El nitrógeno en nuestro ADN, el calcio en nuestros dientes, el hierro en nuestra sangre y el carbón en nuestras tartas de manzana fueron hechos en el interior de estrellas colapsando. Somos polvo de estrellas”

Qué cosa tan maravillosa es un libro. Es un objeto plano hecho de un árbol con partes flexibles en el que se imprimen garabatos oscuros. Pero le echas una mirada y estás en la mente de otra persona, tal vez alguien que murió hace miles de años. Atravesando milenios, un autor habla clara y silenciosamente dentro de tu cabeza, directamente a ti. La escritura es tal vez la mayor de las invenciones humanas, conectar personas que nunca se conocieron, ciudadanos de épocas distantes. Los libros rompen los grilletes del tiempo. Un libro es prueba de que los humanos son capaces de hacer magia.

Y mi favorita: “Somos la manera en que el Cosmos se conoce a sí mismo.

Me di cuenta de que muchos científicos de hecho tienen una fuerte motivación espiritual y a veces incluso mística. Una devoción por las leyes de la naturaleza que causa un sobrecogimiento similar al que yo he experimentado muchas veces al tener experiencias místicas.

Otra frase que me impactó mucho por su belleza y profundidad la escuché de Neil DeGrasse Tyson cuando un estudiante, probablemente cristiano, le preguntó en una conferencia que si fuera a ser ejecutado y tuviera la alternativa de creer en Dios en el último instante para consolarse de la perspectiva de estar a punto de desaparecer para siempre a causa de una injusticia, ¿qué haría? Neil pensó un momento y respondió: “Solicitaría que mi cuerpo en la muerte fuera enterrado, no incinerado, para que el contenido de energía almacenado dentro de él regrese a la tierra, de modo que la flora y la fauna puedan alimentarse de él, tal como lo me he alimentado de la flora y la fauna durante mi vida.”

Es que si lo pensamos un momento, la necesidad humana de creer en la vida más allá de la muerte es eminentemente egoísta: Quiero vivir para siempre porque mi vida es lo más importante que tengo. La frase de Neil, quien sabe si refleja la realidad porque uno en una situación tan extrema quien sabe si tenga tiempo para tanto altruismo, pero al menos resulta inspiradora porque le da a la muerte una dimensión que muchas veces olvidamos y es que se trata de un retorno al origen, devolver con gratitud lo que hemos tomado prestado.

Entonces queda claro que la verdadera espiritualidad no necesariamente está relacionada con creencias sin fundamento sino que como la definimos en el Episodio sobre la Ciencia de la Espiritualidad se basa en un sentido de trascendencia y conexión con algo superior.

Esto lo comprendí mucho mejor hace poco cuando leí sobre el naturalismo poético de Sean Carroll porque me parece que describe esta cosmovisión de una forma muy clara.

Lo que nos dice el Naturalismo Poético es que sólo existe una realidad: la naturaleza, que está dominada por las leyes naturales y que no existen dioses, ni espíritus ni fenómenos sobrenaturales. Esta sería la parte “naturalista”. Lo poético se deriva de que hay muchas formas de comprender, describir y hablar de esa realidad.  Sin embargo, Carroll dice que estas formas de lenguaje no se deben subestimar y que si alguna forma de hablar en particular resulta ser suficientemente precisa y útil, los elementos de ese vocabulario merecen ser llamados “reales”.

En otras palabras, para un naturalista poético, la naturaleza solamente puede estudiarse a través de fenómenos naturales objetivos y comprobables. Sin embargo, una vez que hemos comprendido esos fenómenos, podemos crear historias que le den significado y orden.

En un episodio anterior hablaba sobre la relación entre física, química y biología, donde explicaba que la química emerge de la física cuando se hace suficientemente compleja y cuando la química se hace compleja, emerge la biología. En realidad no ha nacido nada nuevo. La biología es solamente una forma más fácil y lógica para que podamos entender la química en seres vivos y la química es una forma simplificada de comprender la física de átomos y moléculas que interactúan.

También habíamos usado en otro episodio el ejemplo de un computador, o más bien redes de computadores, para asimilarlo al cerebro y decíamos que en tal caso la mente humana es el software, el sistema operativo que corre sobre el sistema cerebral.

Pues bien, hoy estamos dando otra puntada en ese tejido. El sistema operativo de la mente corre un software que se llama espiritualidad y ese software nos da todo un nuevo lenguaje para comprender el mundo. Es como cuando en el pasado los computadores se manejaban con comandos de teclado y la pantalla era negra con letras verdes o naranja: Todo estaba ahí: los archivos, las hojas de cálculo, los documentos hasta algunos juegos. Pero todo era oscuro, difícil de entender y para muchos, aburrido. Entonces se crearon las interfaces gráficas como Macintosh y Windows y todo se volvió colorido, intuitivo y agradable.

Pues así es la espiritualidad basada en la ciencia: podemos elegir no ver a Dios como un señor de barba que pide sacrificios y adoraciones sino como el origen de la conciencia de todo lo que existe en el Universo, el conjunto de leyes cósmicas que gobiernan todo lo que existe y que mantienen el balance de la realidad para que seamos algo en lugar de nada.

También podemos elegir ver al Sol y a la Tierra no como una bola de fuego y una roca gigante cubierta de agua sino como lo que son: El origen de la vida en la Tierra y fuente de energía de todo lo viviente que fecunda a la Tierra para que ella nos permita nacer, nos alimente, nos sostenga y nos reciba de regreso a la hora de nuestra muerte. Podemos, si queremos, llamarlos Padre y Madre

Y por eso yo me declaro Hijo del Sol y la Tierra, hijo de las estrellas y habitante del Cosmos. Conectado a través de mis átomos con el origen del Universo y a través de mi ADN, pero también de mis ideas y mi legado con el futuro de la humanidad, quizás colonizando las galaxias y llevando la vida y la consciencia a todos los rincones del Universo.

Este es el video de Neil DeGrasse Tyson al que me refiero en el audio:

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