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T3E6: El Gran Secreto

Espiritualidad y Ciencia
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T3E6: El Gran Secreto
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La entrega de husos y poporos significó un punto de inflexión para Pueblo Nación Muisca-Chibcha. Fue a la vez la experiencia espiritual más profunda y significativa de mi trasegar con el movimiento de resignificación del pensamiento ancestral indígena, como el inicio del declive del proceso que los dos hermanos Ingativa Neusa iniciaron.

Después de tomar yagé con frecuencia, practicar ceremonias y sentarme a mambear con los abuelos Muiscas durante tres años, mi meta de conocer los mundos ocultos del espíritu me llevó a enfocarme en el trabajo con el poporo, el ambil, la coca y la cal. Si bien es cierto que nunca llegué a ser tan dedicado como algunos de mis compañeros de la comunidad, sí me esforcé por un tiempo en sentarme todos los días a pintar mi poporo, pero desafortunadamente nunca llegué a tener una experiencia extracorporal, una epifanía o si quiera una visión.

Aparte de adormecer levemente mis labios y mejilla, no hubo ninguna revelación mística que me motivara a extender las sesiones de poporeo y por el contrario, a las pocas semanas de repetir la rutina, dejé atrás mi encuentro nocturno con el poporo y me limité a intentarlo durante las reuniones de comunidad o ceremonias especiales. Eventualmente, terminé por abandonar el ancestral calabazo en favor del yagé y los sueños conscientes o viajes astrales, sobre los cuales me referiré más adelante.

Pero el poporo estaba rodeado de una connotación sexual y según entendí del mamo Andrés, en el trabajo con el poporo se definía en gran medida la preparación para llevar a cabo la labor más importante de la espiritualidad, que era la que se realizaba con la pareja durante el hulu-hulu­ que era como en la Sierra llamaban al acto sexual. Este era un punto que me inquietaba y como he narrado antes, me causaba un gran conflicto debido a los orígenes católicos de mi camino espiritual y el sentimiento de culpa que me acompañaba desde la adolescencia por cualquier comportamiento sexual que no estuviera enmarcado en los cánones de la religión, incluidos el sexo antes del matrimonio o la masturbación.

Fue por eso, que desarrollé un interés cada vez mayor en lo que intuía que era nada más ni nada menos que la enseñanza suprema, el santo grial del esoterismo que se profesaba en Pueblo Nación: La magia sexual.

Maíz Biche

Desde el momento en que ingresé a la comunidad Muisca, había escuchado de los abuelos, que había un conocimiento supremo, una llave mágica para abrir los mundos internos, conquistar conocimiento, sabiduría, salud y riquezas materiales, pero que dicho conocimiento secreto no podía ser entregado en público ni a no-iniciados. De tal suerte, que quienes ansiábamos aquel poder, teníamos que avanzar pacientemente a través de la jerarquía Muisca, primero como simpatizante, luego como miembro de la comunidad, luego como iniciado en rito de paso hasta conquistar el huso o el poporo.

Aunque yo hice todo este camino con relativa rapidez, la verdad es que no tuve que esperar hasta recibir mi poporo para recibir la gran revelación. Por una parte, la comunidad no tenía una organización tan estricta como para llevar el control de quien estaba en qué parte del proceso para recibir cual información, y por otro lado, los abuelos tenían tantas ganas de compartir su secreto que terminaban por filtrar – ellos mismos – el preciado saber.

La primera vez que escuché sobre “magia sexual” fue en aquella terapia holística que mi amigo Santiago Salazar me ofreció en su chalet-consultorio de la montaña. Santiago me anticipó que cualquier expectativa que yo tuviera de crecimiento espiritual pasaba por aprender a transmutar la energía sexual con mi pareja y me advirtió que las experiencias oscuras que tenía en el yagé seguramente estaban relacionadas con el desorden de mi vida sexual anterior.

Como él me lo había recomendado, leí “El Misterio del Aureo Florecer” escrito por el “venerable maestro” Samael Aun Weor. El libro contenía una compilación de una amplia variedad de enseñanzas esotéricas, entre las que se encontraban disertaciones místicas en contra del alcoholismo, la brujería y otros comportamientos reprensibles para el autor. Sin embargo, la mayor parte del texto se dedicaba a describir en detalle los supuestos peligros y castigos a los que se exponen personas promiscuas, lujuriosas, masturbadoras, homosexuales y en general todos los que no se ajusten a un estrecho espectro de comportamientos sexuales “normales”. Incluso tener sexo con la esposa pero sin invocar a Dios o sólo por lujuria, es considerado por Samael como fornicación y por lo tanto duramente castigado en los mundos internos.

El segundo libro que leí por recomendación de Santiago fue “El Matrimonio Perfecto”, que bien podría considerarse una continuación del Misterio del Aureo Florecer, era un tratado sobre la forma “correcta” de practicar el sexo. En él Samael describe una batalla entre el bien y el mal que se libra en los “mundos internos” de cada ser humano, en los que las fuerzas de la oscuridad buscan destruir el alma de la persona con tentaciones y apetitos carnales, y el Ser superior trata de despertar su propia consciencia y “aniquilar” los demonios o como los llama Samael “agregados psicológicos” en la “Fragua encendida de Vulcano”,  “el espléndido mundo del Tattwa Anupadaka”, “la Forja de los Cíclopes”, “el camino del filo de la navaja”, “el Arcano A.Z.F.” o simplemente el “Gran Arcano.” Todos estos, nombres grandilocuentes o eufemismos para el coito sexual.

La forma de llevar a cabo esta aniquilación de demonios consistiría en la adquisición, a través de la iniciación, de la “espada flamígera”, un arma con la que el iniciado, en el momento del orgasmo y haciendo uso de unos mantras secretos, podría incinerar a sus demonios, iluminarse y alcanzar poderes psíquicos como la clarividencia, proyección astral o incluso multilocación que quiere decir estar físicamente en diferentes lugares al mismo tiempo.

La clave para lograr todo esto, no obstante, residía en llegar al orgasmo sin eyacular, siguiendo la antigua técnica hinduista del tantrismo sexual. A mí, el asunto de encontrar el secreto de la espiritualidad entre las sábanas se me hacía poderosamente atractivo y también poético. Era evidente que muchos males de la humanidad tenían su origen en el abuso de la sexualidad y a mí, como ya he descrito anteriormente, mi propia sexualidad me había parecido siempre una prueba de voluntad, un riesgo para mi espiritualidad, así que los libros de Samael no hicieron más que reforzar esta convicción.

Eventualmente consulté sobre la magia sexual Samaeliana con el abuelo Suagagua y él sin levantar la vista me dijo:

– “Ese es el misterio del maíz biche para los Muiscas. Todo eso es cierto.

Luego tuve la oportunidad de conversar sobre el mismo tema con el abuelo Nemequene, antes de una de las últimas reuniones que se llevaron a cabo en la maloca del Jardín Botánico. Yo le había pedido al abuelo la consulta porque quería estar seguro antes de empezar a practicar las técnicas que recomendaba Samael. Nemequene, al igual que Suagagua, me confirmó que las enseñanzas de Samael Aun Weor eran la base de la espiritualidad ancestral y me aconsejó empezar a practicar el “maíz biche” o magia sexual inmediatamente. Luego pasó a contarme como para él, dicha práctica se había convertido en la clave para curarse de una enfermedad crónica que padecía, aunque a sus casi setenta años, me confesó, todavía no estaba seguro de haber encontrado ya a la sacerdotisa que lo llevaría a la cumbre de los misterios mayores.

Sahaja Maithuna

El asunto de la magia sexual había quedado zanjado entonces. A partir de ese momento y con la ayuda de Paula, me dispondría a “la Gran Obra”, otro de los eufemismos que Samael usaba para referirse al sexo sin eyaculación. Como siempre, mi esposa espiritual, sin estar realmente convencida de la necesidad de involucrarse en otra extraña práctica ritualística, había aceptado acompañarme en la nueva aventura, la cual yo le había vendido como la culminación del proceso que habíamos iniciado aquel 15 de noviembre en nuestra primera toma de yagé. Además, según había leído en “El Matrimonio Perfecto”, el sexo gnóstico era la clave para concebir hijos altamente evolucionados, libres de las cadenas del pecado original, causado por la fornicación en la que habían incurrido Adán y Eva.

La participación de la mujer en las técnicas sexuales gnósticas es pasiva y supeditada a las necesidades del hombre, quien es el que al final de cuentas tiene que “dar la talla” y completar la parte difícil del trabajo. La mujer, decían desprevenidamente los abuelos, ya nace sabiendo hacer la tarea, en cambio los hombres tenemos que aprender. Por lo tanto, la participación femenina en el trabajo sexual se limitaba a ayudar al hombre a evitar la eyaculación deteniendo sus movimientos o incluso recitando oscuros mantras en sanscrito. Por otra parte, la receta de Samael involucraba una práctica diaria de no menos de una hora para alcanzar la maestría en el arte, así que en todo caso la mujer de un gnóstico, que usualmente es ama de casa, madre y con frecuencia empleada, debe someterse también a esa maratón diaria.

A diferencia del poporo, el cual como ya dije es en sí mismo una alegoría a la sexualidad sagrada, la práctica del “maíz biche” como lo llamaba el abuelo Suagagua, me resultó más “natural”; es decir, a pesar que contener la eyaculación era un acto que no correspondía para nada al instinto natural, a mi me parecía natural que lograr la evolución del alma requiriera un esfuerzo físico, mental y emocional importante en un área de la vida que claramente representa una gran dificultad para la mayor parte de los humanos.

Lo que no tenía claro del todo era la mecánica de la “aniquilación de egos” que describía “El Matrimonio Perfecto”. La idea era que al contener una eyaculación inminente, uno debía también contener la respiración y subir la energía sexual desde el pene hasta la coronilla, utilizando como medio de transporte la propia médula espinal. Esto, que en el sexo tántrico se conoce como sahaja maithuna o sahaja yoga, es una técnica que se practicaba en la India por lo menos desde el siglo XII y en la China Taoista desde por lo menos el siglo VIII.

Desde entonces, múltiples escuelas de espiritualidad, medicina alternativa y sexualidad han preservado, difundido y – como en el caso de la gnosis Samaeliana – adaptado esta enseñanza a sus cosmogonías particulares. Por lo tanto, no me fue difícil encontrar información sobre la parte más procedimental del asunto, gracias nuevamente a mi amigo Jay Martin. Él, quien también conocía y reconocía los libros de Samael como una fuente de sabiduría espiritual, había tenido la misma inquietud que yo sobre la forma de llegar al sahaja maithuna sin fracasar en el intento. Por eso, me compartió un libro llamado “El Hombre Multiorgásmico” del maestro taoísta chino Mantak Chia.

Armado de las enseñanzas de Samael Aun Weor, las técnicas de Mantak Chia y la ayuda de Paula, me dispuse a recorrer el camino de la contención sexual, sin saber las consecuencias que ello traería para mente en un futuro. Mientras tanto, había otro asunto que me generaba confusión: como era que Samael Aun Weor, fundador de un movimiento esotérico entre los años 1950’s y 1970’s, era la fuente oficial del conocimiento más elevado de la espiritualidad Muisca, un pueblo que fue diezmado y sincretizado hace más de 500 años.

Esta pregunta rondó en mi cabeza desde que visité por primera vez la casa de los abuelos Suagagua y Yanguma, ya que la sala interior de su vivienda estaba dominada por la reproducción de un enorme retrato al óleo del propio Samael. Con el tiempo, ellos mismos me confesaron, que la mayoría de los abuelos de Pueblo Nación Muisca-Chibcha habían sido seguidores o incluso líderes del Movimiento Gnóstico Universal y la mayoría seguían siendo – secretamente, ya que esto era algo que nunca decían en público – seguidores de las enseñanzas gnósticas.

Pintura al óleo de un joven Victor Manuel Gómez, ya conocido como Samael Aun Weor

Eventualmente todos los miembros del círculo más íntimo de la comunidad, es decir, quienes recibimos rito de paso y/o aseguranza de la Sierra Nevada, terminamos por convertirnos en gnósticos en algún nivel. Para explicar en qué medida los Muiscas de Pueblo Nación éramos gnósticos, vale la pena describir los subgrupos Muiscas que conocí durante el tiempo que compartí con la comunidad:

Los simpatizantes: Eran mujeres y hombres de diferentes orígenes y diferentes intereses que se acercaban a la comunidad para conocer y compartir las enseñanzas de los abuelos, ceremonias y algunos rituales como las limpias, sin vincularse del todo al movimiento. Entre ellos había estudiantes y docentes universitarios, empresarios y funcionarios públicos que resonaban con los mensajes indigenista y medioambientalista. A ellos rara vez se les hablaba del origen de las enseñanzas gnósticas y excepto algunas pocas excepciones, no llegaban a conocer la palabra de la sexualidad sagrada ni rituales mágicos de origen gnóstico.

A partir de aquí, los otros grupos eran los que formábamos los miembros de la comunidad:

Los hippies: Este era un grupo de jóvenes, solteros en su mayoría, que llegaron a la comunidad por afinidad con los temas relacionados con el cuidado de la naturaleza, la tradición campesina y el arte. Sus miembros eran muy activos en los temas socioculturales y ecológicos y creo que eran quienes menos interesados estaban en el gnosticismo. Muchos de ellos probablemente acogieron muchas de las enseñanzas gnósticas de los abuelos sin conocer su origen real y según recuerdo, no gravitaban hacia los temas sobre técnicas de sexualidad sagrada sino más que todo alrededor de temas de empoderamiento femenino y arte ancestral.

Los Ateneos: Era la forma coloquial con la que nos referíamos a los miembros de una fundación llamada Atenea, que eran jóvenes inquietos, líderes y comprometidos, estudiosos de temas de misterio y teorías de conspiración que eventualmente fueron conquistados y reclutados por los abuelos con la idea de que hicieran su búsqueda espiritualidad dentro de la ancestralidad Muisca. Por lo que conversé con algunos miembros de este grupo, sabían del origen gnóstico de muchas de las enseñanzas de los abuelos y consideraban a Samael como una autoridad ancestral válida. Sin embargo, su interés dentro de la comunidad era político y organizacional. Veían al movimiento Muisca como una forma de causar un cambio en la sociedad y por ello, casi todos ellos se involucraron activamente en la formación del Cabildo Muisca y las incipientes actividades políticas que el movimiento llegó a tener.

Los Gnósticos: Así es, dentro de la comunidad había un buen número de miembros que llegaron a lo Muisca desde iglesias gnósticas o partiendo del conocimiento gnóstico o particularmente atraídos por el contenido gnóstico de las enseñanzas de los abuelos. Este no era un grupo homogéneo sino que dentro de los gnósticos Muiscas había subgrupos; por una parte mi amigo Santiago Salazar, el muisca parecido a Jesús de Nazareth y sus amigos. Ellos eran de clase alta y muy inclinados hacia el hinduismo y el budismo. Muy cercanos al abuelo Xieguazinsa y no se involucraban en las actividades políticas ni sociales de la comunidad. El otro subgrupo gnóstico era de personas de menos capacidad económica, muy cercanos al abuelo Nemequene y unos de los miembros de la comunidad más disciplinados durante ceremonias y actividades culturales que se llevaban a cabo.

Comunidad de Soacha: Estos conformaban lo que se conocía como la parcialidad de Sua-cha y estaban entre los miembros más constantes y comprometidos de Pueblo Nación. Algunos de los gnósticos pertenecían también a este grupo pero la mayoría eran familiares, amigos y seguidores del abuelo Nemequene. Aunque fue uno de los grupos con quienes menos interactuábamos Paula y yo, es muy posible que la mayoría conociera y compartiera las enseñanzas de Samael Aun Weor, dado el origen gnóstico del propio abuelo Nemequene.

Indígenas y Campesinos: Era, entre las personas que conocí en la comunidad, el grupo más reducido. Una de las premisas de la fundación de Pueblo Nación Muisca-Chibcha era la dignificación y restauración de la identidad indígena de campesinos del territorio cundiboyacense. Cabría esperar, por lo tanto, que un gran número de miembros de la comunidad provinieran de esa demografía, pero en la comunidad a la que pertenecí en Bogotá. apenas un puñado tenían fenotipo o apellidos indígenas, o vivían en zonas rurales. La excepción mas notable eran los hermanos que vivían en la localidad de Facatativá, con quienes hice una gran amistad. Nos unía la búsqueda de la espiritualidad ancestral, la sanación emocional y el aprendizaje del uso de las plantas sagradas. Y también nos unía el escepticismo, que no el rechazo, al gnosticismo.

Cabildo de Tunja: Este era el territorio del abuelo Xieguazinsa. Aunque él era, si se quiere, el mayor sabedor de conocimiento Gnóstico, debo decir que Xieguazinsa era también el abuelo más comprometido en la causa indigenista y de inclusión del campesinado. Por lo tanto, su comunidad en la ciudad de Tunja estaba conformada por un gran número de campesinos además de estudiantes universitarios, docentes y otros simpatizantes. Debo decir, que no conocí personalmente a más de un par de sus miembros así que mi referencia es principalmente de lo que me compartía el abuelo Xieguazinsa y el archivo gráfico de la comunidad y no tengo evidencia del nivel al cual el abuelo difundía enseñanzas gnósticas, o incluso si lo hacía.

El Abuelo Samael

La mayoría de los detractores del movimiento Muisca de los abuelos Ingativa Neusa saben de su origen gnóstico y utilizan esto como un argumento para desvirtuar la identidad Muisca no sólo de los abuelos como individuos, sino también la de su organización y la de los miembros de sus comunidades. Para muchos de los líderes indígenas de los cabildos reconocidos por la ley, particularmente de los cabildos muiscas como los de Suba, Cota y Sesquilé (al menos los que conocí en ese entonces), los usos y costumbres que enseñaban los abuelos de Pueblo Nación no correspondían a la tradición Muisca verdadera sino a las enseñanzas gnósticas de Samael Aun Weor, basadas en gran medida en saberes ocultistas de Oriente, el Egipto antiguo y Europa.

La realidad, no obstante, es que gran parte del conocimiento, los usos y las costumbres Muiscas se perdieron en el tiempo así que lo que hoy en día se conoce como Muisca es una amalgama de recuentos de los cronistas de la conquista, tradiciones que sobrevivieron de boca a oído, cosmogonías sincretizadas por la religión católica y el esoterismo y tradiciones nuevas que los pueblos actuales han adoptado de distintas culturas. Los Muiscas no son, ni de lejos, los únicos indígenas que profesan creencias o realizan prácticas provenientes de Oriente o Europa. La mayoría de los indígenas que conocí personalmente en el Putumayo y el Amazonas son directamente católicos o cristianos, veneran a la virgen maría y constantemente hacen referencias a la Biblia.

Durante esos años, consulté el tema de la retención de la eyaculación con indígenas Siona, Cofán y Huitoto y todos ellos tenían alguna versión de la dietación sexual como parte fundamental del desarrollo espiritual del hombre. Sin embargo, mi mayor sorpresa fue saber que el mamo Andrés y el mamo Lorenzo, indiscutiblemente indígenas y pertenecientes a una comunidad que no fue destruida durante la conquista, también eran seguidores de las enseñanzas de Samael Aun Weor.

Con todos los abuelos de la comunidad sostuvimos muchas conversaciones sobre Samael y todos coincidían en llamarlo maestro y Abuelo. Según me dijo Suagagua, el círculo más íntimo de Samael lo llamaba cariñosamente “El Abuelo” y no era solamente por su edad sino como referencia a su calidad como autoridad ancestral. Según el abuelo Xieguazinsa, los libros “Antropología Gnóstica” y “La Doctrina Secreta de Anahuac” revelan el elevado conocimiento que Samael tenía sobre espiritualidad amerindia. El propio Samael, que en su fisionomía revelaba una evidente herencia muisca, vivió en la Sierra Nevada de Santa Marta junto a los indios Arhuacos. Allí, no solo aprendió muchas de las costumbres y conocimiento espiritual de esta comunidad ancestral, sino que los adoctrinó con las enseñanzas que traía de su paso por el rosacrucismo y la inmensa cantidad de conocimientos que había compilado durante años de estudiar los tratados de Helena Petronila Blavastky, Arnold Krumm-Heller, Paracelso, P. D. Ouspensky, Eliphas Levi y otros ocultistas europeos.

Algunos de los precursores de Samael,

Según supe por un Arhuaco que conocí hace años, la llegada de Samael a la Sierra Nevada dividió a los mayores de su pueblo. Unos que consideraban a Samael un charlatán peligroso para la comunidad y otros que veían en el joven Victor Manuel Gómez Rodríguez – que era el verdadero nombre de Samael – a un mamo o mayor espiritual que algunos profetizaban que vendría del interior a devolverle a la Sierra Nevada el conocimiento esotérico que habían olvidado. Si se quiere, un sabedor muisca que tenía que traer de regreso a la Sierra la sabiduría que ellos habían dejado ir.

No sé si este antecedente tuvo que ver con la entrega de poporos y husos en la que yo participé, pero lo cierto es que tanto los mamos Arhuacos como los abuelos Muiscas eran seguidores de Samael y promotores de sus enseñanzas. En cualquier caso, la doctrina de la Gran Obra o el sahaja maithuna estaba al centro y al frente de la espiritualidad amerindia en territorio colombiano. Con toda esta información a mi disposición pero aún con mis dudas, seguí adelante con mi propósito de lograr la maestría en la magia sexual y continuar mi evolución espiritual por ese camino.

El camino del filo de la navaja

Una de las lecciones que más recuerdo de todo lo que leí sobre magia sexual en los libros de Samael Aun Weor es aquella que se refería al trabajo sexual como “el camino del filo de la navaja”. Según Samael, lograr la iluminación y la liberación del ego a través del acto sexual es un camino sumamente estrecho y lleno de peligros; tal como una cuerda floja con un abismo debajo: un paso en falso y se podía perder hasta la vida.

Según la doctrina samaeliana, según lo entendí, el verdadero guerrero de luz tendría que magnetizar a su sacerdotisa, algo así como realizar juegos previos para “abrir la puerta del templo”, luego el iniciado, en el momento indicado debía “ingresar al templo” y a partir de allí realizar movimientos sutiles, gentiles, nunca lascivos ni “irrespetuosos”. En algunos libros se infería que de hecho el hombre debería permanecer estático durante la penetración y como dije antes, la participación de la mujer, al menos en lo físico es bastante pasiva.

Las posiciones permitidas para el coito también son limitadas y tienen como principal objetivo facilitar la transmutación de energía, o como decía Samael, la ascensión de la serpiente de la kundalini a través de la médula espinal, pasando por los 7 chacras o iglesias sagradas. Esta es la parte que nunca entendí de forma práctica. Conocí distintas versiones de esta práctica que podrían resumirse en usar la imaginación activa y la respiración consciente para hacer que la energía sexual fuera ascendiendo durante la cópula. El hombre debería evitar a toda costa que llegue a escapar la más mínima cantidad de semen y para hacerlo, Samael prescribe un mantra que “calma las aguas” para evitar la “caída del iniciado”. ¿Y dónde queda el orgasmo femenino? Nunca encontré una mención al respecto en los libros de Samael ni en las enseñanzas de los abuelos. Incluso algunas mujeres gnósticas reconocen su papel como el de ayudar y controlar al varón para que pueda “hacer la tarea”.

Representación artística del sahaja maithuna

Finalmente, cuando la “energía” esté en su máximo nivel, en el instante que los sexólogos llaman el “punto de no retorno”, el iniciado llevaría a cabo la peligrosa maniobra de “arrebatarle el fuego al diablo para iluminarse”, tomando la energía del orgasmo y en vez de dejarla salir a través de la eyaculación, elevarla, o más bien completando su elevación hasta la coronilla donde, según el abuelo Suagagua, el iniciado tendría que dirigirla a cierto lugar del Cosmos. ¿Cómo y dónde? Nunca llegué a recibir esa parte del conocimiento y hasta donde sé, tampoco se encuentra en los libros de Samael, si es que dicha enseñanza proviene de él.

Los peligros que asechan al practicante del Gran Arcano son los evidentes: En el acto propiamente dicho “dejarse caer” o no ser capaz de contener la eyaculación. Podría pensarse que lograr esto más allá de un par de veces sería casi imposible, pero la verdad es que con suficiente práctica, se logra evitar con facilidad (aunque en realidad, lo que aparentemente sucede casi siempre según la ciencia es un fenómeno que se conoce como eyaculación retrógrada, en la que el semen va a parar a la vejiga en lugar de salir por la uretra); incluso puede llegar a ser difícil retomar la capacidad de eyacular normalmente después de años de contener la eyaculación.

El otro peligro es el de dejar que la lujuria se manifieste durante el acto sexual y así entregándole la kundalini liberada a demonios o parásitos espirituales. De ahí para allá los peligros no hacen más que multiplicarse y complicarse: Cualquier liberación de semen o acto masturbatorio puede dar vida a súcubos o íncubos que serían como proto-seres que viven en el astral y se adhieren como larvas a la piel y la morada del ser infra sexual. Tener sexo por fuera del matrimonio sagrado trae enfermedad y ruina, ser promiscuo implica contaminarse con el karma de las personas con las que se tiene sexo y las personas con quienes esas personas han tenido sexo y así hasta siete niveles.

La infidelidad y la homosexualidad según la gnosis constituyen infrasexualidad y condenan a quienes las practican a desarrollar un rabo demoníaco al que llaman “órgano kundiartiguador” y poco a poco convertirse en demonios en su cuerpo astral. Según Samael, al ver a estas personas en su cuerpo astral, se les ve con cuernos, el mencionado rabo y patas de cabra. En últimas, el mayor peligro para todo aquel que no practica el sexo sagrado es no poder construir su alma y condenarse a vagar en el mundo de los muertos inconscientes en una especie de limbo lleno de demonios y almas en pena.

La doctrina del miedo

Sobra decir que toda esa cantidad de miedos relacionados con un área de mi vida en la que tenía ya mi buena cuota de culpas y temores, no iba a causar nada positivo en mi mente. Sin embargo, la práctica del sexo sagrado empezó dando buenos resultados. Tal vez por la emoción del camino por descubrir, la expectativa de los supuestos beneficios que traería a nuestra vida y sobre todo porque a pesar mis dudas, descubrí que la contención de la eyaculación no solamente era posible sino que traía consigo algunos réditos inmediatos: por una parte, el orgasmo después de practicar con disciplina el juego de evitar, hacer una pausa y retomar, puede ser – tal como lo describe Mantak Chía en “El hombre multiorgásmico” – mucho más intenso y prolongado que el promedio sin usar la técnica. Por otra parte, tal como describe el título del mismo libro, el sexo tántrico dota al hombre de la capacidad de experimentar múltiples orgasmos en una sola sesión. Ni que decir que la práctica se suele prolongar considerablemente con respecto a la duración promedio sin ella.

Pero hasta ahí llegan los beneficios del sahaja maithuna que puedo constatar con objetividad. Después de meses de reemplazar la cotidianidad de pareja por su versión gnóstica se hicieron cada vez más evidentes las consecuencias negativas, sobre todo en la dimensión mental. En la práctica, llevar la religión a la cama se convierte en una invasión a la privacidad donde la metodología y la aplicación correcta de las técnicas se vuelve más importante que el amor. No porque así lo diga ningún libro sino porque realizar una actividad que usualmente se asocia con el placer y el amor, se convierte en un campo minado cuando se tiene que llevar a cabo en medio de tantos peligros potenciales, reglas y dudas. ¿Qué pasa si no estoy transmutando correctamente mi energía? Algunos dicen que el exceso de energía acumulada o transmutarla de forma incorrecta puede causar cáncer en diferentes órganos. ¿Y que tal que al llevar la energía a mi coronilla, esté entregándosela a súcubos, íncubos o demonios que se aprovechen de la situación?

Nunca llegué a pronunciar los mantras que recomendaba Samael porque estaba seguro de que habrían causado carcajadas a mi esposa, así que también era posible que sin los mantras la práctica no sirviera de mucho. Pero lo que verdaderamente convirtió en un calvario mi tránsito por el sendero del filo de la navaja fue que a pesar de mis buenas intenciones, mi motivación espiritual y todos los miedos que acumulaba, yo seguía siendo en esencia el mismo hombre imperfecto de siempre, vulnerable a las tentaciones de la carne y proclive a dejarme llevar por la lujuria, el autoerotismo y con cierta frecuencia el uso de pornografía, todo aquello condenado por la gnosis y por lo tanto por los abuelos Muiscas, como motivos de fracaso en la Gran Obra.

Este conflicto emocional, sentimiento de culpa y nivel de presión psicológica fueron poco a poco haciendo mella en mi mente. En la vida diaria trataba de distraerme de esa culpa justificando mis acciones como contravenciones veniales o intentando hacer tanto bien por mis semejantes que quizás el logos universal como dicen los gnósticos o Padre-Madre Dios como dicen los muiscas, perdonara mis faltas y no me propinara ninguno de los terribles castigos que Samael prometía en sus escritos.

En las tomas de yagé, la cosa era a otro precio. Aún cuando la mayoría de las veces, mis visiones y sensaciones eran agradables y reveladoras, cuando tenía que confrontarme con mi sexualidad aparecían los demonios. En algunas oportunidades, como la que describí en mi pasaje sobre el descenso a las tinieblas, yo mismo era quien me convertía en demonio. Una vez incluso, llegué a verme con patas de cabro y sentir cuernos sobre mi cabeza tal como lo había leído descrito en los libros de Samael. Durante esas experiencias mi sensación era la de fracaso absoluto. Sobre mi alma pesaba la culpa de no haber tenido la fuerza de voluntad para alejar la tentación y el terror de tener que pagar por esos delitos con mi vida o quizás con algo mucho peor: desgracias sobre las personas que amo.

Luego de atravesar esos calvarios, la luz del cielo siempre brillaba sobre mi rostro y sentía que el Padre bueno me daba una nueva oportunidad. A partir de ese momento volvería a la vida normal, para entonces sí, hacer el camino del guerrero solar con disciplina radical. Me levantaba de mi trance sintiendo un poder renovado y la convicción total de dejar atrás del todo, los apetitos de la carne y volvía a mi casa con la buena nueva de que Dios, a través del yagé me había librado por fin de mis pesados demonios sexuales y que ahora sería un hombre cumplidor de todas las reglas del trabajo sagrado en la forja de los cíclopes.

Creo que fueron quince días el periodo más prolongado que me duró la liberación enteogénica. Al cabo de cierto número de días, volvía a ser el de siempre: un hombre enamorado de mi esposa, deseoso de encontrar la iluminación espiritual pero también entusiasmado por el placer sexual derivado no solo de la pareja sino de cada uno de los sentidos y la mente. También volvía a ser el mismo hombre atormentado por la culpa de no tener la suficiente fuerza de voluntad para doblegar esos instintos, a pesar de que por mis culpas pudiera perder hasta mi propia alma.

Pero hubo un par de tomas de yagé durante las cuales, a diferencia de las que describí anteriormente, el elemental sagrado me mostraba la sexualidad como algo mucho más benigno y libertario. En una ocasión vi que podía tener sexo con cualquier mujer que deseara, que era una especie de poder que tenía a mi disposición y que de usarlo no tendría que sufrir ningún castigo sino que al contrario, estaría cumpliendo con mi misión en la tierra al amar a la divina Madre a través de sus manifestaciones humanas. También vi la alguna ocasión que obtener placer de uno mismo era una forma de adoración Divina ya que Dios nos entregó el sexo para disfrutarlo y no para avergonzarnos de él.

Sobra decir que mi confusión y las contradicciones que viví durante esos años era en sí mismos el castigo que estaba recibiendo por mi debilidad frente a la sexualidad. Pero no me refiero a la debilidad para cumplir con el sahaja maithuna como Samael Aun Weor lo prescribía, sino mi debilidad para aceptarme de una buena vez como era realmente y para denunciar ante mis propios hermanos lo que yo sabía que se había convertido para tantos caminantes de la espiritualidad en una pesada cadena de culpas y miedos.

No tenía la fuerza suficiente para imponerme sobre el control que de forma sutil y aparentemente inocua, las estructuras filosóficas de la religión y el dogmatismo habían impuesto sobre mi vida íntima. Desde aquellos sermones dominicales en los que un sacerdote amenazaba con el purgatorio a quienes osaran faltar al sexto mandamiento, mientras en secreto tal vez acosara as sus acólitos. Digo esto no solo por las noticias que ahora se conocen de miles de párrocos católicos en todo el mundo que durante décadas abusaron impunemente de niñas y niños, sino porque yo mismo, a los 14 años, consulté a un sacerdote franciscano sobre mi pecado masturbatorio y viví ese abuso. El sacerdote, que según decía era también sexólogo, me pidió que me bajara los pantalones y me masturbara frente a él – para saber “si lo estaba haciendo bien y no me causara ningún daño.”

Lo bueno de mi debilidad para poder cumplir con el gran arcano es que haciendo todo lo que se supone que no debía hacer, terminé por comprobar que todas las promesas de la gnosis eran mentira. Aparte de los beneficios que mencioné de lograr un mejor desempeño en la cama y poder tener múltiples orgasmos, nunca experimenté un arrobamiento místico ni revelación divina. Tampoco llegué a recibir poderes de ningún tipo y por si hubiera duda de que fue mi incapacidad de hacer el sahaja maithuna debidamente la que me privó de riquezas materiales, vale la pena mencionar que ninguno de los practicantes, líderes o abuelos gnósticos que conocí ha llegado a obtener tales riquezas materiales. Por el contrario, durante los diez años que estuve en Pueblo Nación, ninguno de ellos llegó a evidenciar un nivel de bienestar, salud o siquiera armonía familiar mejor que la que ya tenían cuando los conocí. Incluso el propio Samael Aun Weor, que decía que tenía salud de hierro gracias al matrimonio perfecto, apenas llegó a cumplir los 60 años cuando falleció después de una penosa enfermedad, probablemente cáncer, que lo mantuvo postrado en una cama por varias semanas.

Por otro lado, yo tampoco recibí ninguno de los temidos castigos. Hubo momentos difíciles y pruebas que superar pero todos ellos provenientes de una causa que podía identificarse en asuntos menos prosaicos que la habilidad de contener o no la eyaculación. Si vi, en cambio, varios jóvenes como yo mortificados por la obsesión con lograr las promesas gnósticas y atormentados por sus propios instintos naturales, buscando a punta de yagé, tabaco, marihuana o ayunos apaciguar su humanidad para alcanzar los misterios mayores del espíritu.

En retrospectiva, creo que mis debilidades ciertamente habrían podido causarme muchas más desdichas de las que viví durante mi vida en Santa Marta y que expié con mi purgatorio chamánico de yagé en la Mesa. Lo que me salvó, no fue contener el semen ni conjuros ocultistas, ni ninguna planta sagrada. Lo que me salvó fue que a pesar de toda mi oscuridad, nunca dejé de honrar la verdad. Paula conoció todo el tiempo mis tribulaciones, mis faltas, mis miedos y mis luchas. Me acompañó con amor y supo reconocer mi esencia a través de todas esas capas. Su aceptación a su vez fortaleció mi autoaceptación y a pesar de que tenía la tendencia a justificar mis faltas, siempre elegí amarme no solo a pesar de ellas sino con todo y mis faltas. Si Paula me ama y yo mismo me amo, entonces Dios también me ama siendo como soy.

Esa nueva consciencia me convirtió a partir de ese momento en alguien que ya no encajaba en Pueblo Nación, solo que aún no lo sabía. Mi distanciamiento de las enseñanzas gnósticas no fue ni mucho menos un proceso fácil ni rápido. Fue de hecho el trabajo interno más doloroso que realicé y tuvieron que pasar todavía muchas más cosas para entender que lo que muchos detractores decían de Pueblo Nación Música-Chibcha era verdad: No éramos una comunidad, éramos una secta.

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Leonardo Prieto Malagón

En hora buena Manuel el relato de su experiencia durante el proceso de pueblo nación – chibcha muisca; como recordaras cuando hice parte del mismo fungí como gobernador, la señora Yaneth (yanguma) como vicegobernadora, tu como alcalde, Cesar Ordoñez se desempeñaba como alguacil mayor, el señor Oscar Piragua era el secretario y Gustavo Vargas hacía las veces de fiscal. Dando así conformidad al cabildo gobernador del “movimiento”; el cual estaba encabezado por una serie de abuelos, abuelas y sabedores; entre los que se encontraban Xiguazinza, Suaga gua, Nemequene (QPD), la ya mencionada yanguma, Jairsa, Tigua Sua Mora, Comba, Gualcala, Luis Sánchez, Tyuasuza (QPD), ellos entre otros tantos que solían acompañar de manera un tanto más esporádica; pero sin lugar a dudas los hermanos Xiguazinza y Suaga gua; eran los guías y líderes del proceso.

Nosotros como grupo de amigos pertenecientes a la fundación Atenea, incursionamos al proceso a través de las actividades que se estaban desarrollando en el jardín botánico a mediados del año 2009, varios miembros de Atenea sin lugar a dudas fuimos conquistados por el aura espiritual, la camaradería y el reclamo histórico, social y por ende político enmarcado en figuras de autoreconocimiento y resignifación que brindaban el soporte de identidad, soporte que se potencializaba con el uso, aprobación por parte de los “mayores” y apropiación de elementos de corte ancestral, como el tabaco en sus diferentes usos medicinales, el hayo, en algunos casos el yagé y claro está el poporo. (En cuanto este asunto en particular cabe resaltar que a pesar de que varios miembros de la fundación realizamos todo el proceso para recibir poporo, por ver de antemano su real impronta espiritual, decidimos no ser irrespetuosos y por tanto no quisimos recibir poporo)

Ver la cantidad de gente que llego a jardín botánico a sentarse a observar o participar en el desarrollo de los famosos círculos de palabra direccionados por los “abuelos” y como estas personas al finalizar dichos encuentros solían salir de la maloca con expectativas y expresiones de alegría. Fue haciendo mella en nosotros, avivándonos a colaborar, a dar de nuestro tiempo y energía para afianzar el sueño contado cual murmuro profético de la gran nación muisca.

Pero pasado el tiempo los velos se corrieron, las distancias y los desencuentros se hicieron presentes, el no crear un modelo administrativo desde un programa de gobierno fue uno de los tantos inconvenientes, además surgieron las preguntas correspondientes a las fuentes espirituales de los mayores, la palabra suelta y el comportamiento de los guías dejaba que desear, la incoherencia y contradicciones abundaban sin cesar, el proceso estaba en decaimiento; los que antes estaban ya casi no aparecían, los que tenían silla no la reclamaban, y así el frio y la usencia tomaban fuerza.

Se lanzaron propuestas que no fueron escuchadas, muchas ideas al saco roto fueron enviadas, muchas gestiones fueron congeladas y después de una sentada con cerveza en mano Tyuasuza dio la respuesta ante la negativa de estas y las dudas fueron aclaradas, ellos son gnósticos Samaelianos, la sorpresa fue grande un doble discurso espiritual se utilizaba.

La cuestión fue ratificada cuando días después en la casa de Sigifredo o el “abuelo Suaga gua” un cuadro de Victor Manuel se encontraba, no había duda la zanja estaba trazada. Y aquí Manuel quiero ser puntual ante la publicación realizada por sumercé, no, nunca hemos considerado a Samael Aun Weor como una autoridad ancestral válida, tanto así que en conferencias brindadas por la fundación Atenea antes de pertenecer al proceso de pueblo nación ya habíamos tocado el tema de los peligros de la new era y como esta se maximizaba en su empeño de confusión gracias a exponentes como el citado señor Samael Aun Weor; Más si hemos y seguimos en el estudio gnóstico de los cristianos primitivos a través de las investigaciones de señores como Antonio Piñero, Francisco García Bazán y otra serie de académicos de este corte.

Realizada esta puntual aclaración, continúo. Al saber de la militancia espiritual de Sigifredo se opta por aclarar dicha situación, para tal efecto se busca una reunión entre él y la fundación Atenea situación que jamás se dio. Más si días después en su casa Manuel, se efectuó una reunión donde Xiguazinza nos acompañó y de  manera ansiosa solicito mi renuncia al cargo de gobernador, justificada está en la pobre ejecución de mi parte con respecto a las labores propias de posesión de cabildo ante instancias gubernamentales; debido a la presión del momento a todo la confusión surgida con respecto proceso y a situaciones de índole personal, accedí casi que gustosamente, pues sentí quitar un peso sobre mis hombros.  

Pasado unos días nos encontramos con los amigos de Atenea para evaluar la situación; de dicha valoración acordamos que los miembros de Atenea aun activos en el proceso de cabildo renunciarían y como tal todos renunciaríamos a la comunidad, para lo cual se redactó un manifiesto a manera de carta donde se enunciaron nuestras diferencias, las cuales fueron escuchadas en reunión posterior con el grueso de la comunidad donde se dio lectura a la carta y se complementó con una serie de exposiciones manifestado como ya se dijo los peligros del gnosticismo Samaeliano y determinadas prácticas ritualistas de orden orientalista desdibujadas a través de la nueva era; razón por la cual surgió el distanciamiento entre Sigifredo, yanguma, Nemequene y nosotros, tanto así que para tal día se cuestionó al mayor Nemequene en su lógica espiritual pues apoyar a un señor que quemaba biblias cuando en su altar lo acompañaba una, resulta por lo menos contradictorio el asunto.

De esta manera y a partir de marzo del 2012 fecha de lectura de la carta, se renunció en bloque por parte de Atenea a cualquier activismos social, indigenista o espiritual realizado por el cabildo mayor de Bacata, a excepción del señor Gustavo Vargas que continuo de manera soslayada en cercanías con el movimiento, aislándose del vínculo de amistad con Atenea hasta desligarse por completo de nuestro entorno hasta el día de hoy.

Por otra parte debido a mi trabajo, se me dio la oportunidad de realizar dos congresos de la cultura muisca en el año 2015 y 2019 donde se invitaron a los cabildos reconocidos, así como algunos movimientos que van en camino de su reconocimiento caso el de Tunja liderado por Xiguazinza quien ha sido tenido en cuenta por las autoridades de la ciudad, así como Choachi, Teusaca, el Tunjuelo entre otros tantos.

Hecho que me impulso de manera personal a liderar el proceso de recuperación étnica cultural en el municipio de Turmequé lugar de mis ancestros, acción que ha significado un reencontrarnos con Xiguazinza por las circunstancias de carácter jurídico sociales entorno a lo muisca, más hasta el momento no se ha dado la palabra de aclaración respecto a su línea espiritual, más obedeciéndome a los compromisos con los amigos de Atenea, si el al igual que su hermano resulta ser un seguidor de Samael nuestra diferencia será no solo marcada sino enunciada.

Ya ha pasado tiempo desde el 2007, año en que nos reunimos por primera vez con el mayor Carlos Mamanche de Sesquilé (QPD) y el cual sino directamente si inconscientemente ratificó la columna de nuestras búsqueda espiritual. Pilar que continua siendo el mismo y sobre el cual se ha cimentado Atenea por sus fundadores en el año 2002, más allá de que en nuestra búsqueda nos hayamos encontrado con diferentes movimientos pseudo-espirituales y toda una serie de guías, gurús, chamanes y un largo etc. Que han servido de una u otra forma para confundirnos, refundirnos, perdernos y reencontrarnos con nuestro compromiso fundacional. 

Una vez más, en hora buena Manuel el relato de su experiencia durante el proceso de pueblo nación – chibcha muisca; mucho es lo que hay que comentar, pero por lo pronto y para finalizar esta pastoral, un fraternal abrazo pues buenos recuerdos de los momentos vividos me llegan de su persona, y ahora con su permiso finalizo como finalizamos la carta realizada en el 2012 año de nuestra renuncia al cabildo mayor de Bacata.

Padre – madre; Una vez más nos llaman a que unifiquemos nuestro caminar sin caer en la homogeneidad, a que nos sentemos a acordar sobre lo fundamental para levantarnos en unidad; No caigamos en las trampas puestas en la superficialidad de nuestras mascaras o en las del colectivo, no sigamos tendencias foráneas ajenas a nuestros territorios, no persigamos tendencias, teorías, planteamientos ni enfoques mediáticos, escuchemos la palabra sabia de nuestros mayores, porque el gobierno que puede colocar al ser humano en su real dimensión natural de divinidad, es el gobierno que se encuentra en afinidad con las fuerzas espirituales, gracias por los abuelos guardianes, rectificadores, sanadores y custodios del territorio, gracias por los espíritus ancestrales y de linaje de nuestros abuelos guías y orientadores físicos y espirituales, gracias padre y madre Dios por el tenernos hoy en el aquí y en el ahora donde la inmensidad de los tiempos y de los espacios se conjugan en escena de esta gran obra cósmica universal.

Atentamente: Luis Leonardo prieto Malagón

Cedula 7.174.295 de Tunja

Representante legal de la fundación social y cultural para el desarrollo de la consciencia humana Atenea –Bague.

 

Leonardo Prieto Malagón

Sumercé, una vez más la razón lo acompaña; como olvidar las chumas, las risas, el compañerismo y las experiencias compartidas. Que fueron determinantes a la hora de crear vínculos, algunos de por vida, amistades egregias como la de su persona no se olvidaran.
Por el contrario mi hermano las gracias para sumercé por el relato de su experiencia y por lo pronto un fraternal abrazo.

Leonardo Prieto Malagón

Sumercé, una vez más la razón lo acompaña; como olvidar las chumas, las risas, el compañerismo y las experiencias compartidas. Que fueron determinantes a la hora de crear vínculos, algunos de por vida, amistades egregias como la de su persona no se olvidaran.

Por el contrario mi hermano las gracias para sumercé por el relato de su experiencia y por lo pronto un fraternal abrazo.

Drakus

Un saludo!

El encuentro con su blog me ha parecido muy agradable, crónicas muy interesantes las que escribe y por ello me tiene como nuevo lector.

Con respecto a lo que habla con respecto a las practicas tántricas de los Gnósticos Samaelianos, yo pienso que el problema no es la práctica en si, por que esto no es un invento de ellos, hay muchas tradiciones orientales como el Tao o el Tantra que hablan de sus beneficios.

En lo que veo inconveniente, es que estos Gnósticos no son muy claros con sus enseñanzas tántricas (tal vez por el sistema moral de la época en que se divulgó, que le da mucha tosquedad) y por el sentimiento de culpa que se puede generar en las personas de que si por el hecho de no hacer de la manera debida esto pueden perder «iniciaciones» o quien sabe que… En lo personal me gusta mucho esta práctica, pero si hay algo por la que le he tomado más estima, es por hacerla por gusto y sin ninguna clase de sentimiento de culpa ni nada por el estilo, ni buscando nada más en particular que disfrutarlo, pues para eso es.

Lo que si me parece particular y hasta extremo, es que se tomen posiciones con respecto a unas personas solo porque les guste el ocultismo (independientemente de como se llame), el hecho de que alguien piense distinto de uno no significa que esta persona sera buena, mala o esté loca. Por esto, me queda la duda es ya si por el hecho de estar en el círculo más interno le ordenaran que practicar tantra o Gnosis era obligatorio? pues ya querer someter a alguíen a volverse medio-gnóstico no es algo adecuado, y más si estas prácticas o enseñanzas no vibran con uno mismo, pero ya alejarse de una comunidad solo porque estas o aquellas personas (en lo personal o privado) tiene un sistema de creencias distinto al propio, muestra es más un inconveniente a nivel individual, de uno mismo, que de estas otras personas.

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