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T2E1: La Iniciación

Última actualización el 2020-10-21

Espiritualidad y Ciencia
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T2E1: La Iniciación
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Los seres humanos nos movemos entre dos realidades: Por una parte, existimos en el mundo físico que nos sostiene y nos permite vivir nuestra experiencia humana y, por otra parte, navegamos la existencia a través de nuestra mente en un mundo de pensamientos, arquetipos y símbolos. La realidad física es la misma para todos, ya sea que la comprendamos o no: todos estamos sometidos a las mismas leyes de gravedad, inercia, termodinámica, etc. En cambio, la realidad mental es subjetiva y necesitamos crear constructos, bien sea individuales o colectivos que nos sirvan de marco de referencia para nuestras experiencias.

De estos constructos ya hemos hablado antes y son los fenómenos sociales y culturales que la humanidad a inventado para poder construir la sociedad en que vivimos. Algunos ejemplos de creaciones mentales colectivas son nuestras naciones, sistemas políticos, deportes, economía, empresas y religiones.

Como estos sistemas no son naturales sino creados por nosotros, es necesario transmitirlos de alguna manera a sus nuevos miembros. Entonces, hemos creado también procesos para transmitir las reglas y conocimientos de cade una de esas estructuras y a esos procesos se les conoce de diferentes formas: Para entrar a las empresas usamos el sistema educativo, para entrar en los deportes usamos el entrenamiento y para entrar en una nación, o nacemos en ella o inmigramos desde otra nación. Para ambos casos existen los procesos de ciudadanía e inmigración.

A todos estos procesos de entrada en un sistema social se les puede llamar de forma general Iniciación, porque tienen por objeto iniciar a un postulante en las normas y conocimientos que requiere para iniciarse como nuevo miembro del grupo.

El tema del que vamos a hablar hoy es precisamente el de la Iniciación, una iniciación muy especial y es la iniciación en la espiritualidad.

¿Qué es la iniciación?

Probablemente hayas escuchado antes este término, pero siempre asociado con cultos, logias o masonerías y es porque se sabe que muchos de esos grupos, se utiliza el término iniciación para las ceremonias de ingreso o rituales de paso para ascender en su estructura organizacional. También podemos identificar estos ritos de paso en casi todas las religiones. En el catolicismo, por ejemplo, hay varios niveles de iniciación: la primera comunión, la confirmación y la orden sacerdotal para quienes quieren seguir el camino canónico.

No incluyo ahí el bautismo porque una de las condiciones para la iniciación es que tiene que ser voluntariamente buscada y lograda por el aplicante y además porque en el bautismo católico, no se encuentran todas las partes que configuran un ritual iniciático.

Otras iniciaciones que se conocen popularmente son las deportivas y universitarias. En los deportes, es común que los nuevos miembros de un equipo, tengan que pasar un tiempo durante el cual son excluidos de muchas de las actividades de los jugadores más experimentados. Durante ese tiempo, el jugador tiene que probar su valía y lealtad con el grupo para en algún momento pasar por el rito de paso a ser un igual del equipo, a través de alguna prueba, a veces humillante, como lavarle las medias al resto de miembros del equipo o soportar el peso de todo el equipo amontonado sobre el novato en el piso.

En las Universidades, principalmente en Norteamérica y Europa, las fraternidades y sororidades tienen establecidos procedimientos de iniciación y ritos de paso para los estudiantes que quieran formar parte de ellos. En muchas películas, sobre todo comedias de los 80’s, se muestran esos rituales con mucha cerveza, bromas pesadas a los maestros y cosas así. En la vida real, sin embargo, los rituales son generalmente ceremonias con significados místicos o esotéricos donde se rememora la historia de la fraternidad, sus valores y los votos que el candidato debe tomar para ser aceptado.

Este es el punto clave de los rituales de iniciación, que son un performance en el que un grupo de iniciados dan la bienvenida a uno o más aspirantes a algo más que un grupo. Es un renacimiento a una nueva vida con valores, reglas, historias, símbolos y compromisos especiales. Algunos de esos elementos son públicos, pero otros son confidenciales y por eso se requiere de la lealtad del iniciado, pero sobre todo, se requiere que el iniciado sienta que está ingresando a algo más que un grupo de amigos. Debe creer que se está convirtiendo en miembro de algo importante, trascendental y para toda la vida.

La iniciación masónica

Templo de la logia masónica de Bogotá

Sin embargo, las iniciaciones más complejas y “serias” que se conocen comúnmente son las de las logias masónicas. A continuación voy a leer la experiencia de un iniciado masón de la Gran Logia de Colombia:

Tras una breve meditación a plena luz del día en el panteón masónico del cementerio central de Bogotá, fui trasladado con los ojos vendados hasta un lugar que desconocía pero que según el estado de las vías no podía quedar fuera de la capital colombiana.

 Un descenso en un ambiente húmedo, guiado por manos enguantadas y escoltado por un cierto olor a moho, marcaron los momentos previos a traspasar por las cuatro cámaras que me esperaban como preludio para el ingreso al Templo en simbolismo de valores como la sabiduría, la virtud y el conocimiento.

Fue allí cuando alguien tomó mi mano izquierda y haciéndome palpar un elemento esferoide, una calavera, me indicó que se trataba de quienes no habían pasado la prueba. Me topé entonces con el Agua, el Fuego, el Aire y la Tierra como elementos presentes dentro de las ceremonias en confirmación de la conexión con el mundo cósmico y sus espíritus denominados: “Salamandras, Ondinas, Silfos y Gnomos” [1] encarnados en la fuerza; palabra y esencia del primer grado.

Las cuatro cámaras

 La cámara del agua, se trató de una vivencia ciega, fría y finalmente; somnífera a consecuencia de los arrullos de un calmo caudal. Tal vez tendría que ser así, para efectivamente comprender el valor y la esencia de Thales de Mileto y otros filósofos antiguos, cuando sus palabras vinieron a mí narradas en prosa, explicando la significancia de la llegada a un cambio de paradigma, a una evolución trasmutada en el árbol de la vida y el espíritu potencial del todo.

 Tras intervalos en la penumbra, asistido por mis pensamientos y la garganta muy seca, fui ingresado a la cámara del fuego donde por primera vez pude despojarme de la banda que cubría mis ojos desde la tarde y apreciar lo cálido y agradable que puede ser el ardor personificado en el “fervor y celo de los masones”.  Por su paso, tal como me fue indicado, pude reflexionar sobre la luz y su iluminación manifestada como la existencia de una “Inteligencia Suprema y Omnipresente que regula el Universo.” [2]

 Fue así como una vez más accedí a la siguiente cámara, la del viento, para encontrarme frente a un rostro imponente, enigmático y casi mitológico que soplaba frio sin piedad sobre mi semblante, luces encendidas y apagadas me hacían pensar en los aires vitales en torno a las funciones humanas que minutos antes me fueron puestos de presente.

Luego de una pausa, el sonido de una campanilla acompañado de la lectura de otro texto, predispusieron un encogido ingreso a la cámara de la tierra; de acuerdo a Lavagnini, la cámara de reflexión, el elemento tierra representado como la “Visita interiora terrae, rectificando invenies ocultum lapidem -V.I.T.R.I.O.L.-”.

 Asumiendo una muerte simbólica, para despedir los vicios del mundo profano con los que había ingresado y reiniciar en el camino de la verdad y la virtud que comporta la trasformación del plomo en oro, me dispuse a escribir mi propio testamento en preparación a un próximo renacer, respondiendo sobre mis deberes para con el creador, conmigo mismo y con los demás.

 Debo admitir que perdí tiempo valioso para resolver aquellos cuestionamientos para nada intrascendentes, pero no fueron pocos los detalles que llamaron mi atención durante mi visita al interior de la tierra; así que mientras mis trazos obedecían a la volatilidad de una pluma sin rumbo, me contemplaba a mí mismo inmerso en el trigo como muestra de la feraz semilla que echa raíces y germina con su propio esfuerzo, en el azufre y la sal como dos ámbitos energéticos que se complementan y enriquecen mutuamente en la Fuerza Universal y en el pan y el agua sustancia madre que ha producido la semilla y ha de volver a la tierra seguro de creer en la resurrección de una vida futura bajo un Principio Creador[3].

 A pesar de haber experimentado temor a lo desconocido en horas previas a la visita al cementerio, por alguna razón que al día de hoy aún no descifro, una acogedora tranquilidad me amparó cuando fui consciente que no estaba sólo, me encontré conmigo mismo y el sosiego llegó a mi espíritu.

El Templo

 De este modo y ya despojado de pertenencias metálicas antes de ser ingresado al Templo, paso a paso, casi como Calcidio o los Omeyas fui traduciendo y desentrañando aquella cuestión fundamental del pensamiento griego en el mito de la caverna Platónico; toda una experiencia holística acrisolada en una ceremonia en la que carente de la vista, viví a plenitud con los demás sentidos; sabores dulces y amargos, calor intenso del fuego próximo, hedor a penetrante alcohol, música, pitos, voces y matracas fueron detallando el significado de aquella vorágine humana que configuró mis viajes iniciales, donde al igual que el poeta Baudelaire «para musitar largas frases no necesita palabras»”[1]

Este relato muestra de forma poética lo que básicamente fue un recorrido de algunas horas a través de salones, jardines y mausoleos llenos de símbolos esotéricos, elementos ceremoniales e iniciados vestidos con túnicas y ornamentos. Sin embargo, la verdadera iniciación no era todo el performance sino justamente lo que estaba sucediendo en la mente y el corazón del iniciado: Gracias al aprendizaje y la sugestión que había venido acumulando por meses o a veces años de preparación, cada elemento de la ceremonia, cada pasaje de lectura, cada canto y acertijo están conectados con un estado mental, un compromiso o una dimensión de la vida.

Símbolos oscuros

Habrán notado que algunos de los símbolos de la ceremonia masónica como la calavera, el cementerio o el azufre pueden parecernos macabros u oscuros. Esto es totalmente deliberado. La iniciación mística implica la aceptación del conocimiento del Universo en su totalidad y la aceptación de todos los aspectos de la vida, incluyendo todo lo que nos parece negativo o tabú como la oscuridad y la muerte. Eso no quiere decir que un masón aspire a obrar con maldad o vivir en medio de la oscuridad, sino que debe ser conocedor de esos misterios precisamente para no sucumbir ante ellos y poder discernir con su propia mente.

 El uso de símbolos que las religiones tradicionales asocian como oscuros o malignos no es una coincidencia. Muchas logias y cultos de misterio desde tiempos inmemoriales hay usado esa simbología para mantener alejados a los curiosos y posibles aspirantes que no estén dispuestos a aceptar y comprender esos misterios. En algunos templos ocultistas en la antigüedad, por ejemplo, tenían la imagen del Baphomet en la entrada de sus salones de estudio, precisamente para mantener a raya a quienes no tuvieran la comprensión de su simbología para poder trascender lo grotesco de la imagen.

Si no lo has visto, el Baphomet es una imagen que se asocia a Satanás. Parecido al Diablo en el Tarot, es un ser andrógino con senos de mujer y pene erecto disimulado como un báculo, tiene patas y cabeza de cabra, alas como de cuervo, un pentagrama en la frente y con una mano apunta hacia arriba y con otra hacia abajo. El religioso sale corriendo frente a semejante monstruosidad, pero el iniciado empieza a ver los símbolos de balance entre la luz y la oscuridad, la ignorancia y el conocimiento, el día y la noche, lo masculino y lo femenino, lo mundano y lo sublime[2].

La clave es que nada de esta simbología lúgubre y siniestra es objeto de adoración sino de estudio. Los masones no adoran a la muerte ni a una calavera, sino que la usan para recordarse que la muerte nos acompaña todos los días, que vivir y morir son dos caras de una misma moneda y que hay que enfrentar y trascender la muerte para poder renacer. Si piensas que nunca entrarías a un lugar con algo tan macabro en la entrada, piénsalo de nuevo. Si eres católica o católico, es muy probable que hayas ingresado a más de una catedral con gárgolas demoníacas en las cornisas o las cenefas.

Gárgola en la catedral de Notre Dame en París

Iniciaciones en la vida diaria

Las iniciaciones seculares no suelen tener símbolos macabros, pero sí que tienen otras formas para mantener a raya a quienes no sean dignos de convertirse en miembros. El examen de ingreso a una universidad es un ritual de paso para ingresar a la logia de la academia: El candidato debe mostrar dominio de unos conocimientos requeridos, tener la capacidad de manejar la ansiedad y sus propios nervios y cumplir con un código que le impide mirar sus apuntes o hablar con otros aplicantes.

El aplicante se convierte entonces en estudiante y debe atravesar unos niveles de iniciación en el conocimiento de su carrera que se conocen como semestres, superando nuevas pruebas y nuevos rituales de paso. No es coincidencia que la academia esté llena de símbolos y rituales. Durante una ceremonia de grado, los maestros con doctorado se visten con sus togas ceremoniales y los graduandos desfilan con toga y birrete, con frecuencia con inscripciones en latín.

Pero la iniciación más importante de todas, no requiere de vestimenta especial ni símbolos místicos, pero tiene todos los demás elementos de cualquier ritual iniciático: La iniciación espiritual ocurre cuando el individuo ha descubierto que hay un orden más allá del aparente azar de la vida. Que la realidad no es simplemente cumplir con el rol tradicional de crecer, estudiar, trabajar, reproducirse y morir; como decía un iniciado “dejando atrás una triste historia”.

Cuando el profano se hace consciente de su esencia espiritual y su capacidad de transformar la realidad a su alrededor, en otras palabras, cuando se da cuenta de la matrix que nos envuelve, entonces se convierte en candidato para la iniciación.

El proceso de la Iniciación

Otra forma de definir la iniciación es un proceso en el cual hacemos una representación de una sabiduría existencial a través de símbolos y performances para darle nuevos significados a lo cotidiano. Esto quiere decir que la iniciación no implica necesariamente un cambio de acciones o de circunstancias, sino más bien un cambio en la forma de interpretar las mismas circunstancias, lo que a menudo genera un cambio en las acciones o simplemente un nuevo significado de las mismas.

Pongamos un ejemplo para entenderlo mejor: Imagínate que toda tu vida desde que tienes memoria has tenido una misteriosa obligación: Tienes que recibir un morral, cada vez más grande a medida que crecías, ponerlo sobre tu espalda y cargarlo por varias horas mientras caminas hacia un lugar nada agradable que queda a varios kilómetros de distancia. Entregas el morral y regresas a tu casa a descansar y cumplir con tus otras obligaciones, para al otro día repetir la misma rutina. Una y otra vez haciendo una tarea miserable por la que además nunca has recibido un peso. Para el ejercicio vamos a suponer que no hay forma de renunciar a esa tarea ni tampoco hay nadie a quien puedas preguntar de qué se trata el dichoso encargo.

Bueno, un buen día, ya con hastío de una vida tan monótona, después de haber llorado y buscado formas de liberarte de esa tarea sin conseguirlo, decides que si no puedes con el enemigo vas a tratar de unirte a él. Entonces decides que un oficio tan repetitivo, pero aparentemente tan importante como para no dejarte renunciar a él, tiene que tener un propósito. Entonces, a partir de ese día, dejas de quejarte por el cansancio y el aburrimiento, haces silencio por primera vez.

Caminas con el morral a cuestas, pero esta vez vas con tu atención enfocada en todos los sonidos a tu alrededor, en todo lo que ves en el camino. El silencio te permite escuchar por primera vez los leves sonidos que se emiten desde adentro del morral. Tu observación atenta te permite darte cuenta de la gente que se atraviesa en tu camino, como son las aldeas por las que pasan.

Ese día, por primera vez llegas a tu casa sintiéndote diferente, habiendo aprendido cosas nuevas, incluso con expectativa de lo que encontrarás al siguiente día. Tu trayecto a hacer la entrega se convierte entonces en una experiencia nueva cada día. Incluso en las noches tomas nota de lo que aprendiste durante el día. Tu vida de repente se convirtió en una aventura, un aprendizaje. Dejaste de ser profano y te convertiste en candidato para tu iniciación.

Pasan los días, las semanas y luego unos pocos meses y ahora sabes cuántas especies de aves viven en el trayecto de tu casa a la misteriosa aldea, has descubierto árboles frutales, atajos y lugares donde la vista es maravillosa. Pero además ahora sabes que lo que transportas todos los días son papeles, sobres, incluso estás seguro de haber escuchado monedas. A veces llevas líquidos en frascos pequeños que concluyes que son tinturas medicinales o esencias.

Has observado que a lo lejos van otros caminantes con cargas similares a la tuya y aunque no los conoces, ahora sabes que no estás sola. Juntas las piezas del rompecabezas y te das cuenta que eres parte de una red ancestral de correos que lleva cartas, encomiendas, medicinas y dinero a las aldeas más alejadas del país en el que vives.

El despertar

El día que comprendes eso, es el día de tu iniciación. Has superado las pruebas de fuego, tierra, agua y viento y has comprendido tu propósito. A partir de ese momento no eres sólo un caminante, eres un mensajero y no cargas un morral, llevas sobre tu espalda la vida de tu comunidad, relaciones, negocios y curación para las personas.

Así mismo funciona la iniciación en nuestra vida: Vivimos en piloto automático haciendo lo que nos han dicho que debemos hacer, caminando de la casa al trabajo y de regreso con el único objetivo de ganar dinero para ahorrar y algún día ser feliz. O buscamos a una pareja con la que algún día podamos construir una familia y de pronto algún día ser feliz. Si ya eres mayor, la promesa es pensionarte para que al fin puedas dedicarte a lo que amas y de pronto algún día ser feliz.

La iniciación espiritual te despierta a la comprensión de tu propósito en la vida, del sentido que tiene la carga que has tenido que llevar a cuestas desde hace tanto tiempo. Te permite entender que no estás sola, que sobre tus hombros se sostiene tu la vida de tu comunidad y que tu felicidad está en el aquí y ahora y no en un futuro incierto.

El camino espiritual es la vida misma; la iniciación es la muerte del ser que vive sin propósito y el nacimiento del Ser que no es víctima de las circunstancias, sino que comprende, trasciende y construye su propia felicidad.

Las Cuatro Pruebas

De cualquier forma, como te puedes imaginar, llegar a una comprensión así no es fácil. El Baphomet del miedo está ahí a la entrada del templo ahuyentándonos con cualquier cantidad de posibilidades reales e irreales de todo lo malo que nos puede pasar si decidimos dar el paso en el vacío. Luego avanzamos vendados a través de túneles misteriosos y tocamos una calavera que nos recuerda que la muerte real y la simbólica están ahí asechándonos.

En la iniciación espiritual, todo esto sucede en nuestra mente, pero la vida misma nos va poniendo las pruebas que tenemos que superar para recibir la ansiada liberación. Una de las enseñanzas bonitas que recibí en mi paso por la Gnosis Samaeliana fue la descripción de cuatro tipos de pruebas que el candidato tiene que atravesar en los mundos internos (es decir, en nuestra mente) y lo voy a compartir con ustedes:

PRUEBA DE FUEGO

Esta prueba es para probar la serenidad y dulzura del candidato. Los iracundos y coléricos fracasan en esta prueba inevitablemente. El candidato se ve perseguido, insultado, injuriado, etc. Muchos son los que reaccionan violentamente y regresan al cuerpo físico completamente fracasados. Los victoriosos son recibidos en el Salón de los Niños y agasajados con música deliciosa. La música de las esferas. Las llamas horrorizan a los débiles.

PRUEBA DE AIRE

Aquellos que se desesperan por la pérdida de algo o de alguien; quienes temen a la pobreza; los que no están dispuestos a perder lo más querido, fracasan en la prueba de aire. El candidato es lanzado al fondo del precipicio. El débil grita y vuelve al cuerpo físico horrorizado. Los victoriosos son recibidos en el Salón de los Niños con fiestas y agasajos.

PRUEBA DE AGUA

La gran prueba de agua, es realmente terrible. El candidato es lanzado al océano y cree ahogarse. Esos que no saben adaptarse a todas las variadas condiciones sociales de la vida; aquellos que no saben vivir entre los pobres; aquellos que después de naufragar en el océano de la vida rechazan la lucha y prefieren morir; esos, los débiles, fracasan inevitablemente en la prueba de agua. Los victoriosos son recibidos en el Salón de los Niños con fiestas cósmicas.

PRUEBA DE TIERRA

Nosotros tenemos que aprender a sacar partido de las peores adversidades. Las peores adversidades nos brindan las mejores oportunidades. Debemos aprender a sonreír ante las adversidades, esa es la Ley.

Aquellos que sucumben de dolor ante las adversidades de la existencia, no pueden pasar victoriosos la prueba de tierra.

El candidato en los mundos superiores se ve entre dos enormes montañas que se cierran amenazadoras. Si el candidato grita horrorizado, regresa al cuerpo físico fracasado. Si es sereno, sale victorioso y es recibido en el Salón de los Niños con gran fiesta e inmensa alegría.


[1] https://www.logialuzdegirardot.org/2017/11/04/experimentando-la-iniciaci%C3%B3n-mas%C3%B3nica/

[2] https://en.wikipedia.org/wiki/Baphomet

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