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T6E3 – La guerra cultural del siglo XXI

Espiritualidad y Ciencia
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T6E3 - La guerra cultural del siglo XXI
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Un tema que quiero abordar es la confrontación actual entre los conceptos que se traducirían del inglés como «libertarismo» y «despertarismo», representados en las palabras «libertarianism» y «wokeism». Esta disputa se refleja claramente en la escena política de Estados Unidos, donde los seguidores de Donald Trump acusan a los de Joe Biden y a los demócratas de ser parte del «despertarismo», mientras que los seguidores de Biden, particularmente los demócratas más fervientes, critican a Trump por representar una forma falsa o extremista de libertarismo.

Para comprender mejor el término «woke», que podría no ser ampliamente utilizado en Latinoamérica, se refiere a una postura política y cultural que aboga y promueve aspectos de justicia social, como la igualdad de género, los derechos de la comunidad LGTBI, y la promoción de la diversidad étnica y cultural en todos los sectores de la sociedad. Los defensores de este movimiento son a menudo denominados «guerreros de la justicia social». El movimiento tiene sus orígenes en las reivindicaciones étnicas del siglo XX, que destacaban la importancia de estar conscientes de la opresión de las comunidades afroamericanas en Estados Unidos y la necesidad de un cambio social. Originalmente, se utilizaba la expresión «awake» para indicar la necesidad de estar alerta, pero desde principios de la década de 2010, ha surgido una nueva terminología, adoptando la palabra «woke». Aunque gramaticalmente incorrecta, esta variante se ha popularizado para describir una actitud de alerta activa y constante hacia las realidades sociales y la deshonestidad que la sociedad puede normalizar o encubrir.

Estos movimientos ganaron impulso y encontraron un punto de inflexión significativo con el asesinato de Michael Brown, un joven afroamericano, por la policía en 2014. Este evento dio origen al movimiento Black Lives Matter, que se centra en el activismo de justicia social. Consecuentemente, la izquierda política, tradicionalmente asociada con el progresismo y la búsqueda de la igualdad de derechos y libertades, ha adoptado una postura más combativa en la lucha por el cambio social. Este enfoque ha evolucionado desde marchas pacíficas y campañas de concienciación, hacia protestas más vehementes y llamativas.

Para captar la atención de un público cada vez más enfocado en las redes sociales y en los fenómenos mediáticos de corta duración, se observa cómo el liberalismo evoluciona hacia el progresismo y, posteriormente, hacia lo que podría denominarse «despertismo». Este último término engloba las causas consideradas esenciales para lograr una justicia social, razón por la cual sus seguidores son conocidos como «guerreros de la justicia social». El «despertismo» abarca y representa temas como el feminismo, la conservación del medio ambiente, la defensa de los derechos de los animales, la igualdad y equidad de género, la promoción de la diversidad en el ámbito laboral y la representación política de todas las facciones de la sociedad.

Este avance en la sociedad refleja un cambio significativo en las normas que se consideraban aceptables en la mayoría de las sociedades occidentales. Prácticas antiguas, como la esclavitud o la exclusión de las mujeres del derecho al voto y a la propiedad, hoy se ven como vestigios de una era más arcaica o de sociedades regidas por dogmas religiosos restrictivos. El cambio mundial incluye el aumento del voto femenino, la presencia de mujeres en cargos públicos y posiciones gerenciales, aspectos que políticamente habían sido parte del desarrollo tanto de la izquierda como de la derecha. Tradicionalmente, la derecha ha favorecido los intereses del capital y de quienes tienen acceso a él, generalmente hombres blancos, pero no se había opuesto directamente a los avances sociales, incluyendo una mayor participación de mujeres y, en menor medida, de otras etnias.

En Latinoamérica, por ejemplo, aunque el racismo contra comunidades indígenas y afrodescendientes sigue presente, la diferencia no es tan marcada como en Norteamérica, especialmente en las áreas urbanas. Hasta cierto punto, se había alcanzado un progresismo natural y gradual, aunque no tan rápido como algunas comunidades lo requieren.

Sin embargo, con la aparición del «despertismo», la dinámica cambia, ya que este movimiento agrupa las demandas de cambio de diversas comunidades en una sola corriente política, asociada con plataformas específicas, candidatos y grupos de interés. Este fenómeno lleva a una dilución de la identidad individual de cada grupo, que son variados y diversos.

Las necesidades del feminismo, aunque puedan compartir algunos puntos en común, difieren significativamente de las preocupaciones de las comunidades afroamericanas en Norteamérica, y aún más de temas no relacionados directamente con cuestiones socioculturales, como la respuesta al cambio climático. Este último, junto con medidas de salud pública como la promoción de la vacunación y el uso de mascarillas durante pandemias, se ha asociado cada vez más con el movimiento del «despertismo». Sin embargo, la agrupación de estos temas amplios y variados bajo una única corriente política ha sido objeto de críticas, ya que son demasiado complejos para ser representados por una sola línea de pensamiento.

Líderes y figuras influyentes de estos diversos movimientos pueden haber visto la oportunidad de unir fuerzas para inducir cambios más rápidos. Autores como Naomi Klein representan esta urgencia por acelerar la transformación, especialmente en asuntos críticos como el cambio climático, que exige acciones más inmediatas y decisivas en lugar de avances graduales. Esta confluencia de causas ha llevado a una explosión repentina en la promoción del progresismo y del «despertismo», sorprendiendo a muchos por su rapidez e intensidad, a pesar del consenso general sobre la validez y legitimidad de estas luchas.

En Estados Unidos, cambios fundamentales han comenzado a materializarse, especialmente en el ámbito académico, con la designación de afroamericanos, mujeres y miembros de la comunidad LGTBI como decanos y presidentes de universidades. La selección de profesorado también ha empezado a basarse en sus creencias personales y su promoción de la diversidad y los valores progresistas. Esto ha generado descontento entre los sectores más conservadores, quienes históricamente han mantenido una tensión con las fuerzas del cambio, prefiriendo preservar el status quo.

Este eterno drama entre conservadurismo y liberalismo refleja la dinámica humana de crecimiento y evolución. Desde la infancia, donde predominan la obediencia y la imaginación, hasta la adolescencia, donde se busca la identidad personal y se desafían las normas establecidas, los seres humanos experimentan constantes cambios. Esta necesidad de redefinir y desafiar lo establecido ha sido especialmente evidente en los movimientos juveniles, como los pacifistas de los años 60, impulsados por el deseo de los jóvenes de moldear el mundo según sus propios ideales y perspectivas.

En el otro extremo, encontramos la oposición, usualmente de adultos mayores que han sido testigos de numerosos cambios a lo largo de su vida, han observado el fracaso de muchos de estos cambios y han visto surgir y desaparecer guerras en nombre de diversas causas. Esta experiencia los lleva a adoptar una postura más conservadora, deseando mantener el status quo y preservar los elementos que, a su juicio, han contribuido a alcanzar el estado actual de la sociedad. Por lo tanto, el conflicto que observamos hoy en día entre diferentes corrientes ideológicas no es algo nuevo; es más bien un reflejo de la psique humana, donde comúnmente se asume que debería existir un centro político que armonice todas las perspectivas, pero en realidad, esto es un ideal difícil de alcanzar. La mente humana es inherentemente dual, compuesta por dos hemisferios y múltiples columnas corticales que procesan información de manera simultánea, ofreciendo distintas perspectivas.

Este fenómeno de dualidad y conflicto interno se ha observado en estudios de neurociencia, por ejemplo, en casos donde los hemisferios cerebrales han sido separados para tratar la epilepsia, revelando diferentes «voluntades» dentro de un mismo individuo que pueden estar en conflicto entre sí. Esto refleja cómo, dentro de nuestra mente, coexisten múltiples «seres» o aspectos con diferentes perspectivas, algo que se ha intentado representar de manera simplificada en medios culturales como la película «Intensamente», donde se personifican emociones como el miedo, la tristeza y la alegría.

En la vida real, aunque no seamos una representación exacta de estos personajes emocionales, sí experimentamos conflictos internos, especialmente al enfrentarnos a situaciones complejas como los conflictos actuales en el mundo, como entre Ucrania y Rusia o la situación en Israel y Palestina. Estos eventos nos llevan a experimentar y reconciliar dentro de nosotros mismos diversas perspectivas y juicios hasta alcanzar, al menos temporalmente, un consenso interno, que puede cambiar a medida que recibimos nueva información o reconsideramos nuestras posturas.

Desde el punto de vista social, la idea de un centro unificador es más un ideal que una realidad, ya que siempre existirán individuos cuya prioridad es preservar lo existente, valorando los avances y mejoras que el actual sistema ha aportado a la vida y condiciones de millones de personas en todo el mundo. Por otro lado, hay quienes, a pesar de reconocer mejoras tangibles en calidad de vida y reducción de la pobreza atribuidas al mundo occidental, sienten que aún prevalecen grandes injusticias y maldades que necesitan ser abordadas, incluso si eso implica cambios radicales como guerras o revoluciones sociales.

En cuanto a la cultura woke, se observa un aumento en las manifestaciones de esta corriente, especialmente en Norteamérica durante el mes del orgullo, anteriormente conocido como el orgullo gay. Este mes ahora se dedica a celebrar la diversidad, en particular de la comunidad LGBTI+, con empresas promoviendo la diversidad y la igualdad a través de iniciativas como la modificación de logos con los colores del arcoíris. Aunque estas acciones son positivas y promueven la inclusión, también se critican por ser estrategias de marketing dirigidas a un nicho de mercado con creciente poder adquisitivo.

Por otro lado, existen expresiones culturales que resisten a esta normalización de la diversidad y a la búsqueda de inclusión, especialmente desde perspectivas conservadoras. Aunque algunos grupos conservadores apoyan la igualdad de género y la diversidad sexual, otros ven las demandas de cambio inmediato como injustificadas. Argumentan que se ha avanzado adecuadamente y que no es necesario acelerar estos cambios. Sin embargo, a medida que el progresismo plantea nuevas reivindicaciones, el conservadurismo parece quedarse sin argumentos sólidos, recurriendo a posturas consideradas anticuadas por muchos, como la oposición al aborto, una postura que muchas mujeres, especialmente en países desarrollados, rechazan, insistiendo en el derecho a decidir sobre su propio cuerpo.

El conservadurismo ha estado evolucionando para adoptar una forma más atractiva y cohesiva, buscando nuevos enfoques que le permitan ser más relevante en el espacio político. En Estados Unidos, por ejemplo, el movimiento republicano ha perdido seguidores, particularmente porque su base está en zonas rurales, mientras que las áreas urbanas, más progresistas y diversas, especialmente en lo que respecta a la comunidad LGBTI+, muestran realidades distintas. La interacción en ciudades con diversas comunidades lleva a un apoyo natural hacia la igualdad de derechos y la eliminación de prejuicios sociales. Además, en las ciudades se destaca la necesidad de que las mujeres participen en la economía, no solo como mano de obra, sino como contribuyentes intelectuales, lo que contrasta con las perspectivas más tradicionales del campo.

Las áreas urbanas, al ser más progresistas y liberales, contrastan con el conservadurismo rural, que aún ve roles tradicionales para las mujeres y considera la homosexualidad como algo anormal. En este contexto, el movimiento conservador busca renovar sus enfoques para atraer a jóvenes, mujeres y personas de la comunidad LGBTI+. Utilizan la reacción contra ciertos excesos del movimiento woke para posicionarse, aunque es importante aclarar que el término «woke» no representa un grupo unificado con líderes o partidos definidos, sino una serie de movimientos y tendencias políticas.

Se sugiere que los errores del movimiento woke, percibidos por algunos como graves, han reforzado a sus opositores, llevando al surgimiento de una vertiente que se podría identificar con un «libertarismo autoritario». Este término, sin embargo, podría ser confuso o incluso engañoso, sugiriendo una contradicción en los principios libertarios clásicos al incorporar elementos autoritarios.

El crítico señala que el movimiento woke ha adoptado un enfoque combativo que puede socavar los fundamentos de la sociedad occidental. La crítica se centra en cómo algunos grupos dentro del movimiento han descrito a la sociedad actual como injusta y cruel, asignando una responsabilidad desproporcionada a los hombres blancos por diversos problemas sociales y globales. Esta perspectiva ha llevado a acusaciones de que los hombres blancos son la causa principal de la falta de diversidad en el lugar de trabajo, de las guerras y de las barreras sociales y económicas enfrentadas por otros grupos.

Si bien no se puede negar que muchas figuras históricas de poder han sido hombres blancos y que han contribuido a problemas significativos, el crítico argumenta que esta visión ignora las contribuciones positivas que también han realizado los hombres blancos. Este enfoque unilateral, según el argumento, desvía la atención de la importancia de la diversidad y la equidad como fuerzas para el progreso mundial. En lugar de valorar a las personas por sus ideas y habilidades, sin considerar su género o raza, se percibe que el movimiento enfoca en desplazar a los hombres blancos del poder como una solución a los problemas sociales.

Como resultado de esta polarización, se ha observado el surgimiento de movimientos que reúnen a personas que se sienten alienadas por las acusaciones generalizadas del movimiento woke. Entre ellas se encuentran no solo hombres blancos, sino también mujeres, miembros de la comunidad afroamericana y latinoamericana, quienes creen que las soluciones propuestas por algunos sectores del progresismo son más perjudiciales que los problemas que buscan resolver. Este sentimiento ha llevado a un mayor alineamiento con el libertarismo autoritario, en contraposición al enfoque woke de los últimos años, sugiriendo una reevaluación de las estrategias para abordar la injusticia y la desigualdad en la sociedad.

La controversia mencionada surge de la respuesta de Google Gemini, una inteligencia artificial, a solicitudes para generar imágenes de personajes históricos. En vez de reproducir representaciones históricamente precisas, Gemini optó por crear versiones diversificadas de figuras conocidamente caucásicas, como George Washington representado como un hombre negro, Alexander Hamilton como asiático, entre otros. Este enfoque generó reacciones mixtas, con algunos usuarios encontrando humor en las interpretaciones, mientras que otros lo vieron como un ejemplo de los límites supuestamente absurdos alcanzados por el afán de diversidad.

Este incidente no solo afectó la cotización en bolsa de Google, sino que también avivó un debate sobre la búsqueda de diversidad y la igualdad en la representación. Algunos argumentan que estas acciones, lejos de promover la igualdad real, desvían la atención de la verdadera diversidad de perspectivas y experiencias, mientras que otros ven en estos actos un paso hacia una representación más inclusiva en los medios y la tecnología.

El debate se extiende a la representación en Hollywood, donde la inclusión de personajes de diferentes etnias en contextos históricos, donde no habrían sido presentes, ha sido criticada por algunos como una revisión irreal del pasado y un desrespeto a la historia real de opresión y desigualdad. Sin embargo, este enfoque también se interpreta como un intento de rectificar la exclusión histórica de grupos minoritarios en narrativas predominantes.

El comentario sobre los videos colorizados de finales del siglo XIX y la escena en Vietnam ilustra cómo la percepción de la historia puede ser influenciada por la representación contemporánea, destacando la complejidad de interpretar actos del pasado con sensibilidades modernas. Esta anécdota refleja la tensión entre la representación histórica precisa y la reinterpretación o idealización del pasado, subrayando la importancia del contexto y la percepción en la comprensión de la historia y las relaciones humanas.

Echo Scribe

Recientemente, ha surgido una controversia relacionada con el lanzamiento de la nueva inteligencia artificial de Google, denominada Gemini. Se ha reportado que, al solicitarle la creación de imágenes de personas, esta IA genera representaciones diversas, pero notablemente ausentes de hombres blancos. Por ejemplo, al pedir imágenes de los padres fundadores de Estados Unidos, Gemini produce versiones de figuras como George Washington con rasgos afroamericanos o Alexander Hamilton con rasgos asiáticos, evitando representaciones de caucásicos.

Esta tendencia de la IA ha extendido la discusión a otros contextos históricos, como la representación de soldados nazis durante la Segunda Guerra Mundial, donde nuevamente, la inteligencia artificial opta por la diversidad en lugar de la precisión histórica. Este fenómeno ha generado debates sobre los límites de la inclusividad y la diversidad en la representación digital e histórica, reflejando una caída en las acciones de Google y alimentando discusiones sobre la corrección política y el respeto a la historia.

Además, este incidente recuerda un fenómeno más amplio observado en las producciones de Hollywood, donde se ha notado una tendencia a representar la historia con una diversidad anacrónica, lo que algunos críticos consideran una reinterpretación romántica que ignora las realidades de opresión y racismo del pasado.

Este tema se vincula con la reflexión sobre cómo se presentan los eventos históricos y culturales en los medios modernos, contrastando con la realidad documentada de épocas anteriores, como los videos colorizados de 1896 que muestran interacciones entre la sociedad colonial y la población local en Vietnam, reflejando una dinámica compleja y a menudo problemática que es simplificada o ignorada en representaciones contemporáneas. La discusión se centra en encontrar un equilibrio entre la representación diversa y el respeto por la precisión histórica y la memoria colectiva.

En el análisis de las circunstancias actuales, es fundamental reconocer que, como humanidad y seres individuales, experimentamos un constante crecimiento y evolución en nuestra forma de pensar, adaptándonos a nuevas realidades. A nivel social, hemos evolucionado y modificado nuestra autopercepción, nuestra visión hacia nuestros semejantes y hacia otras especies, así como nuestra relación con el planeta. En este proceso, es crucial ser conscientes y coherentes, aceptando que nuestro pasado incluye acciones que, aunque en su momento eran aceptables, hoy podrían causarnos vergüenza. Sin embargo, esto no debería convertirnos en jueces implacables de las generaciones anteriores.

La necesidad de cambio en el mundo debe dirigirse hacia el futuro, enfocándose en las injusticias actuales y buscando maneras de mejorar. No deberíamos perder tiempo juzgando y rechazando nuestro pasado. Este enfoque se refleja en los problemas enfrentados por el movimiento WOC, especialmente en el contexto del racismo, una de las cargas más pesadas en la sociedad norteamericana. A pesar de la carga histórica de injusticia y racismo, no se puede negar los avances significativos realizados, marcando cambios en la conciencia pública y estableciendo bases para futuros progresos.

Es esencial comprender que el pasado está detrás de nosotros, marcado por diferentes circunstancias y niveles de conocimiento. Debemos aceptar y agradecer los cambios que han ocurrido, los cuales nos han llevado a la realidad actual, mientras seguimos buscando mejoras para el futuro. Estos objetivos no son contradictorios; representan visiones complementarias que, desafortunadamente, la política y los medios a menudo presentan como mutuamente excluyentes. Se nos presenta una falsa dicotomía: o bien se adopta una postura ‘woke’, rechazando todo el pasado y abogando por una destrucción total en busca de una diversidad e igualdad utópicas, o se inclina hacia un extremo libertario autoritario, rechazando cualquier cambio y promoviendo un gobierno dominado por figuras autoritarias y belicistas.

Esta polarización se ve reflejada en figuras como Javier Milei en Argentina, quien, a pesar de la representación mediática, ofrece perspectivas económicas basadas en el libre mercado que podrían considerarse racionales. No obstante, también se ha asociado con la corriente anti-woke, criticando excesos del progresismo y buscando limitar cambios que, aunque posiblemente exagerados, han proporcionado beneficios a ciertos segmentos de la sociedad. Es vital encontrar un equilibrio, reconociendo tanto los errores como los aciertos de todas las perspectivas para fomentar un futuro más inclusivo y justo.

En el actual panorama político y social, se destacan figuras como Vladimir Putin y Donald Trump, quienes encarnan una visión del mundo que muchos consideran autoritaria y retrógrada. Estos líderes, representantes de una generación que idealiza las décadas de 1970 y 1980, perciben los movimientos progresistas y las luchas sociales como amenazas a la prosperidad y estabilidad mundial. En su perspectiva, el retorno a una era donde la autoridad no podía ser cuestionada y las reivindicaciones de derechos eran etiquetadas como comunistas y, por ende, objeto de persecución, parece ser el camino a seguir.

En este contexto, hago un llamado a la reflexión y a la moderación. Es crucial no dejarse arrastrar por los extremos y considerar que, en la realidad, los absolutos como el blanco y el negro raramente existen. La vida misma, al igual que la muerte, no se limita a un estado binario; es un espectro donde incluso tras la cesación de la actividad cerebral, los componentes biológicos de un ser continúan contribuyendo a la cadena de la vida.

Asimismo, la actual confrontación ideológica entre izquierda y derecha, entre conservadurismo y liberalismo, se compone de numerosos matices. En este entramado, es posible y, de hecho, beneficioso, adoptar elementos de ambos espectros. Por ejemplo, la promoción de la diversidad y la igualdad de oportunidades son valores que personalmente respaldo. Considero que, en los procesos de selección laboral, la omisión de información como el nombre y el origen geográfico podría mitigar los sesgos y prejuicios, contribuyendo a una evaluación más justa y equitativa de los candidatos.

No obstante, también soy consciente de que las políticas de cuotas, aunque controvertidas, en algunos contextos son necesarias para garantizar la representación y visibilidad de grupos históricamente marginados. Aunque estas medidas pueden parecer injustas para aquellos que se han preparado intensamente para determinadas posiciones, en la práctica pueden ser el único medio para equilibrar las oportunidades en un sistema inherentemente desigual.

Finalmente, me gustaría invitar a la reflexión sobre esta dinámica cultural que estamos experimentando. Me interesa conocer tu perspectiva: ¿Te identificas más con las ideas progresistas o libertarias? Y, ¿cómo estas convicciones se alinean o contrastan con tus creencias espirituales?

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