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T2E20 – Juego de Máscaras

Espiritualidad y Ciencia
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T2E20 - Juego de Máscaras
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Los seres humanos nacemos, crecemos y morimos en medio de innumerables conflictos que permanentemente nos obligan a cuestionarnos y hacer concesiones. Pero no me refiero solamente a conflictos con otras personas, que también los hay en abundancia, sino a los conflictos internos con los que tenemos que lidiar mientras tratamos de entender quienes somos y qué queremos.

En el Episodio 4: La experiencia de la realidad, les contaba sobre las investigaciones en neurociencia que han determinado que la consciencia no es una sola, monolítica y objetiva sino que dentro de cada uno de nosotros existen varias expresiones de la consciencia que en su conjunto conforman lo que percibimos como el yo individuad.

Estas partes de nuestra conciencia perciben y comprenden el mundo de maneras diferentes. Mientras que para nuestra mente primitiva el mundo es un entorno peligroso en el que o somos cazadores o nos convertimos en presa, para nuestra mente de mamíferos nos dice que somos animales gregarios que necesitan cuidar a sus crías y vivir en sociedad. Asimismo, la parte de nuestra consciencia que habita en el neocórtex cerebral percibe una realidad temporal que las otras partes del cerebro no conciben y que nos hace pensar en términos de predicción y planificación.

Nosotros percibimos todo esto como diferentes perspectivas de la misma realidad, pero desde el punto de vista neurológico, son literalmente diferentes entidades conscientes que comparten recursos. Y no son solamente tres, existen una enorme cantidad de personas que cada uno de nosotros representa y sostiene en su interior temporal o permanentemente.

Intensamente

En aquel episodio, conté también cómo la película Intensamente utiliza unos entretenidos personajes para describir, de una forma muy cercana al entendimiento actual del funcionamiento del cerebro, la forma en que funciona la mente de una niña de 11 años. En la película se muestra a Alegría, Tristeza, Enojo, Disgusto y Temor como entidades cuasi-independientes que controlan la mente de Riley, cada uno en el momento en que más conviene de acuerdo con las circunstancias.

Sin embargo, si viste la película, tal vez habrás observado que ninguno de los personajes de la mente de Riley son puramente la emoción que representan. En algunos momentos vemos a Alegría triste o asustada, a tristeza sonreír con un asomo de alegría y a desagrado molesta con los demás. Con seguridad, para hacer más interesantes a los personajes, los crearon con matices emocionales. Habría sido muy molesto que fueran 100% alegría, tristeza o desagrado.

La cuestión es que las múltiples consciencias que forman nuestra mente corresponden más con los personajes de Intensamente tal como los mostraron que si hubieran tenido una única emoción. Cada una de estas consciencias, o personas, para utilizar el término definido por Carl Jung, es una parte de nosotros, utiliza nuestro cuerpo, nuestros sentidos y las tres capas que forman nuestro cerebro. Por lo tanto, cada persona de nuestra mente tiene su parte instintiva, social, autónoma y trascendente. Esto quiere decir que cada persona tiene sus propios objetivos, miedos, rasgos de personalidad y forma de ver el mundo. Esto es importante porque como vamos a ver más adelante, de estas características es que surgen los conflictos de los que trata este episodio.

Vamos a ver ahora entonces los tipos de personas que habitan dentro de ti:

Fuerzas Instintivas

Por una parte, están las fuerzas instintivas de los que hablamos en el episodio 15: Ángeles y Demonios. Esas entidades que algunas religiones consideran demonios y que para nuestros ancestros nativo americanos son los animales internos que debemos conocer y domar para que se sometan a la voluntad de nuestro Ser y no al revés.

Nuestros instintos surgen de las partes más internas del cerebro y son primitivos, salvajes, implacables. Su principal objetivo es asegurar nuestra supervivencia presionándonos para que satisfagamos nuestras necesidades básicas: alimento, jerarquía, territorialidad, seguridad. Normalmente estos instintos no toman características de persona, sino que se activan cuando nuestra vida está en peligro o cuando hemos desatendido una necesidad primordial. Sin embargo, en algunas ocasiones, estos instintos encuentran oportunidad para apoderarse de parte de nuestra conciencia.

Esto sucede cuando alguna circunstancia negativa o una experiencia difícil, generalmente durante la niñez, crean la percepción de que necesitamos la protección constante de uno de estos instintos. Por ejemplo, un niño maltratado que crece con el miedo constante a ser atacado, puede encontrar en la agresividad, una forma de evitar que alguien más abuse de él en el futuro. Una persona que haya sufrido de falta de afecto, validación o aprobación durante su infancia, puede desarrollar en el futuro un apego por la validación y conexión que recibe a través del sexo, y así sucesivamente.

En los ejemplos anteriores, la fuerza instintiva está presente o es invocada con tanta frecuencia que construye su propia personalidad: actitudes, costumbres y una forma de ver el mundo que no tienen nada que ver con el peligro o ausencia inicial de los que pretendía proteger, sino que tienen como único objetivo, asegurar su continua existencia, protegerse a sí mismos de desaparecer. Algo que sucedería instantáneamente si el Ser que habita se da cuenta que no necesita de esa persona y simplemente la disuelve.

Pero vamos por partes, dije que estas personas instintivas surgen a partir de un evento negativo, pero no me refería solamente a traumas violentos. La verdad es que todos tenemos al menos una o más de estas personas habitando dentro de nosotros. Lo que para nosotros los adultos puede ser algo insignificante o divertido, en la mente de una niña o un niño puede resultar traumático. Si piensas en tu infancia, seguramente recordarás esos eventos que nadie supo que te marcarían para toda la vida pero que aún los tienes presente y que le dieron forma a alguna parte de tu personalidad, o mejor, de tus personalidades.

En cualquier caso, hay momentos en los que nos encontramos vulnerables en algún aspecto de nuestra vida y sentimos que necesitamos algo de qué aferrarnos, entonces aparecen esos instintos de protección y supervivencia que en su forma sensible son impulsos y miedos. Pronto es evidente que ante una situación que se prolonga en el tiempo, estos instintos no son útiles y ellos se repliegan. Pero recuerda que nosotros necesitamos aferrarnos a algo, así que no dejamos ir al instinto que nos hizo sentir bien por breves momentos.

Puede ser que nos aferremos a un sentimiento de víctima que nos causa un temporal placer masoquista, o a llenarnos de comida, o aislarnos, o agresividad o sexo. Sea lo que sea que nos haga olvidarnos de nuestra vulnerabilidad, queremos que siga estando allí, así que el instinto regresa, pero aunque sabe que no tiene cómo ayudarnos, nos ofrece una mentira: que mientras esté a cargo, nos va a proteger y nada malo nos va a suceder.

A partir de allí, podríamos decir que ha nacido una nueva persona que toma el control de nuestra vida con frecuencia. En algunos casos, como sucede con las adicciones más graves, puede que sea con el control total de nuestra vida. Esa persona o demonio, como lo llamarían algunos, sabe que su existencia es ilusoria, que su basa en una mentira, entonces su principal razón de existir será el de asegurar su propia existencia.

Roles

Vamos a ver ahora otro tipo de personas que habitan en nosotros y son los roles que representamos a lo largo de nuestra vida. También se les llaman máscaras porque a diferencia de los instintos, normalmente podemos elegir que rol representar o al menos sabemos a cierto nivel que lo estamos representando, entonces es como que nos quitamos una máscara y nos ponemos la otra.

Los roles se podrían agrupar en individuales, sociales y funcionales, y su origen puede ser genético, imitación o aprendizaje.

El primer rol que los seres humanos identificamos es el de hija o hijo. El bebé no sabe cómo llamarlo, pero sabe que depende de otro ser para sobrevivir, así que aprende a comportarse y ver el mundo en función de esa relación con su madre y más adelante con sus padres. Luego el niño aprende que también es hermano de alguien y crea una serie de comportamientos y forma de ver el mundo que utiliza cuando está con su hermana o hermano. Más tarde descubre también que tiene una identidad de género femenino, masculino o diverso y aprende a comportarse como tal, según las normas sociales de su entorno y el ejemplo que ve de los adultos a su alrededor.

Estos son roles individuales de origen genético. A medida que un ser humano crece, empieza a adquirir roles sociales como el de estudiante, amiga, enemiga, ciudadano, cónyuge, miembro de un partido político, fan de un grupo musical, aficionado a un deporte o un pasatiempo, etcétera. Todos estos son roles sociales que se imitan o se aprenden.

Y finalmente tenemos los roles funcionales, que elegimos, aprendemos y cultivamos como parte de nuestra interacción con la sociedad y el afianzamiento de nuestro propósito de vida. En esta categoría se encuentran los roles profesionales: profesora, ingeniera, electricista, artista; los roles de servicio como confidente, alguien que ayuda, consejero, protector, pionero, etc.; y los roles jerárquicos como jefe -empleada, maestra – aprendiz y las posiciones sociales.

Recorriendo esta lista es posible que hayas pensado cuáles de esos roles has representado, cuales son más importantes en tu vida y cuales quisieras representar.

Lo relevante es que comprendas que ninguno de estos roles es quién eres tú, pero a la vez, tu personalidad está formada por las personalidades independientes que tienen los roles que has encarnado en tu vida. A diferencia de las personas formadas por tus instintos, estas personas son normalmente aceptadas o elegidas voluntariamente por ti y cumplen un propósito útil para tu vida.

La excepción sería cuando la sociedad te ha asignado un rol que no corresponde con tu Ser y has tenido que representarlo de manera obligada. Es el caso de personas que tienen una identidad de género distinta a la que usualmente corresponde con su sexo biológico. De cualquier manera, tú tienes la capacidad de ponerte y quitarte estas máscaras y de forma más o menos natural puedes representar a la otra persona de tu repertorio sin darte cuenta si quiera de que lo estás haciendo. Por esta razón, a estas personas podemos llamarlas “personajes”.

De la misma forma que un actor que ha creado o estudiado un papel puede adaptar a voluntad la personalidad, características y acciones de un personaje ficticio cuando se sube al escenario, todos representamos nuestros personajes cuando estamos en el escenario que forma el contexto en que nos encontramos.

Tal vez habrás notado que eres una persona cuando estás en el trabajo y otra muy distinta cuando estás con tu pareja o con tus hermanos. Cambias de expresión, de vocabulario, de actitudes y hasta el tono de tu voz cambia. Esto es porque cada máscara tiene sus colores y sus formas de acuerdo con el contexto. Incluso cuando estamos solos adoptamos personajes que tenemos reservados para los momentos en que no hay nadie más. Sólo tú conoces esas cosas que solamente haces cuando no hay nadie a tu alrededor…

Los personajes como ya dije son útiles en nuestra vida, pero al igual que con las fuerzas instintivas, si olvidamos que estas personas no son nuestra esencia y nos aferramos a ellas creyendo que de su existencia depende nuestra felicidad o tranquilidad, entonces los personajes también van a olvidar su propósito y van a dedicarse a asegurar su propia supervivencia.

Un ejemplo de esto es lo que sucede cuando una persona encuentra una gran satisfacción en su trabajo. Se enfoca en sus metas profesionales y con el tiempo logra un cargo de autoridad en la empresa, tal vez se convierte en gerente. De pronto conozcas a alguien así, siempre es el primero en llegar y el último en irse de la oficina, trabaja los fines de semana y a lo mejor tiene una relación muy complicada con su familia.

Un día, la compañía tiene que hacer recorte de personal y a pesar de sentirse apreciado y valorado, este gerente es despedido intempestivamente. Su vida se acaba porque si ya no es el gerente, ¿entonces quién es? Pronto se da cuenta que no tiene amigos, su familia lo desprecia y no tiene ni siquiera un hobby para ocuparse.

También es el caso de la mujer que dedica su vida a ser “la esposa de” o “la novia de”, vive en función de su pareja, se aleja de su familia, sus amigos, sus metas personales y se dedica exclusivamente a “hacer feliz” a su compañero. Esta mujer pasa muchos de los mejores años de su juventud siendo ignorada y puesta en un segundo lugar incluso por ella misma. De pronto se encuentra con más de 40 años, sin formación profesional ni experiencia laboral, ni amigos, ni una vida propia, teniendo que encargarse de sí misma ahora que ya no es la esposa de alguien sino solamente la mamá de alguien, la abuela de alguien y después sólo un recuerdo.

Máscaras en Conflicto

Lo que acabamos de ver es el teatro de la mente, donde cada uno de nosotros somos un escenario y todos los personajes y máscaras que llevamos dentro son los actores que representan el drama de la experiencia humana. Cada personaje es una parte de lo que somos, pero a la vez ninguno es realmente la esencia de nuestro ser.

Lo peor es que cada personaje representa su propia obra, con su propio libreto y su propio concepto de lo que debe ser el final del show. El director, que vendría a ser nuestro Ser interno, usualmente está durmiendo en las sillas del teatro y los invitados a la función, que son nuestros familiares, amigos y conocidos, apenas llegan a conocer una parte de lo que somos dependiendo de qué máscara nos pongamos cuando nos relacionamos con ellos.

En esta confusión de máscaras y libretos que representamos, los objetivos, ideales y visión del mundo de cada personaje, entran en conflicto creando lo que se conoce como disonancia cognitiva. Esto es lo que pasa cuando alguien, por ejemplo, asiste a una iglesia; lee la biblia y asiente con aprobación cuando el ministro dice que hay que obrar con misericordia, amar hasta a nuestros enemigos y obrar como lo haría Jesucristo. Luego se va para su casa, enciende el televisor con las noticias y empieza a vociferar que a los ladrones habría es que matarlos, que esas ratas si no es con plomo no aprenden…

Esta es la razón por la cual siempre hay tantos menesterosos en las puertas de las iglesias y en sus alrededores. Aprovechan que los feligreses salen con la máscara de piadosos todavía puesta y son más propensos a dar limosnas generosas. En cambio, no encontrarás indigentes pidiendo limosna a la salida de los cajeros automáticos. La gente sale del banco con la máscara de personas austeras después de ver el exiguo saldo de su cuenta de ahorros.

Esta es también la razón por la cual nos saboteamos a nosotros mismos: Alguien por ejemplo decide terminar por fin la carrera que empezó a estudiar hace siete años, compra sus libros, paga la matrícula, hace un horario de estudio con marcadores de colores y escarcha y lo pega encima del escritorio. Todo funciona perfecto hasta la tercera clase. Entonces se subleva el yo rumbero del personaje y vuelve al trago, la fiesta y los trasnochos de siempre, prometiéndole al yo estudioso que la siguiente semana si volverán a ponerse juiciosos con el estudio.

Despertando al director de la obra

Y aquí viene la reflexión final de este episodio: ¿Será que tenemos que abandonar los roles y las máscaras, negar nuestros instintos? ¿O tal vez buscar que cada rol que representemos tenga los mismos objetivos, que no haya conflicto?

Ni siquiera vale la pena que consideremos esta posibilidad porque ninguna de las dos opciones es posible. Los gnósticos y otras escuelas esotéricas hablan de aniquilar los egos, que es la palabra con la que se refieren a los personajes y roles. Pero la realidad es que ningún maestro esotérico que yo haya conocido ha podido mostrar en su experiencia de vida una ausencia de las contradicciones y disonancias cognitivas que se manifiestan cuando dos personalidades entran en conflicto.

Incluso un maestro de quien yo personalmente admiro muchas de sus enseñanzas, Osho, mostró en su vida contradicciones entre sus enseñanzas de paz, libertad, humildad y verdad, con las posiciones que tomó o dejó de tomar en su camino como líder de la comunidad Rajneshpuram en los Estados Unidos. Si conoces de Osho y te interesa esta historia, te recomiendo el documental de Netflix “Wild Wild Country”.

Las contradicciones siempre se van a presentar porque en la experiencia humana, cada rol que representamos cumple un objetivo diferente y muchos de esos objetivos son excluyentes o al menos difíciles de reconciliar. Pero esto no quiere decir que no podamos valorar el aporte que cada una de nuestras máscaras le puede dar a nuestra vida.

En todos los ejemplos que he puesto de máscaras en conflicto y de máscaras que entran en conflicto entre sí, hay cosas valiosas por rescatar. El gerente de la empresa es probablemente alguien muy eficiente y organizado. ¿Qué tal si también utiliza ese talento para organizar su vida y sus relaciones de una forma eficiente y saludable?

La esposa de alguien, seguramente es hacendosa, cariñosa y dedicada. Quizás pueda utilizar esas virtudes con ella misma, ser cariñosa consigo misma, usar la misma dedicación que aplica a su pareja con otras relaciones personales y con su propio proyecto de vida.

El estudiante debe ser igualmente dedicado a sus estudios, pero le convendrá mucho para su carrera profesional que aprenda de su yo rumbero a divertirse, crear relaciones sociales fuertes y dedicar tiempo al ocio.

Entonces, ¿cuál es el secreto para lograr este equilibrio? Pues hay que despertar al director de la obra, ese que está durmiendo entre el público mientras sus personajes se agarran del pelo y se patean sobre el escenario. Ese director de obra es tu ser interno, tu divinidad interior.

Ese ser es consciencia pura. No desea nada, no busca nada, es presencia en el aquí y el ahora. Su finalidad es Ser, su forma de llegar a ese fin, es siendo. Su poder reside en existir. A diferencia de todos los personajes que se crean a su alrededor, el Ser es el único que verdaderamente existe, que no puede ser destruido. Su función es ser señor y maestro, señora y maestra que controla e ilumina nuestra vida.

Lo mejor es que no necesita aprender nada, para eso están sus creaciones. El Ser solamente tiene que estar presente, estar a cargo. Cuando el Ser se ha enseñorado, entonces aparece una de sus mayores virtudes que es la Coherencia.

La coherencia no es la ausencia de contradicciones sino la presencia de un propósito. Es como los hilos de un tejido, no es que todos tengan que ser del mismo color, que no haya contrastes. Es que esos colores y esos contrastes formen un patrón, un diseño. Del mismo modo, el Ser se encarga de que cada una de las máscaras que nos ponemos todos los días sirva al propósito más elevado de nuestra Consciencia.

Sin la luz del Ser, nuestras personalidades simplemente imponen sus objetivos individuales y los realizamos a pesar de que entren en conflicto y saboteen nuestros propósitos. Cuando el Ser está despierto, los personajes consultan al director antes de ejecutar cualquier acción. Si esa acción sirve al propósito elevado del Ser, entonces se le permite actuar.

Y sabes ¿cómo puedes despertar a tu Ser? Sólo tienes que seguir el mismo camino que compartí en el episodio El Secreto Para Poner Fin al Sufrimiento: observar de momento en momento, auto observarnos, permanecer presentes en el aquí y el ahora.

Difícilmente vas a encontrar otras instrucciones en mis charlas. Es lo que he comprobado por mi mismo y que me ha ayudado a sanar muchos dolores y aspectos de la vida. El yagé es una excelente herramienta para facilitar este proceso, así como lo es la meditación, pero el secreto es uno solo: Presencia en el aquí y el ahora.

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